+18 | Contenido Comercial | Se aplican Términos y Condiciones | Juega Responsablemente | Principios editoriales
Joao Felix Atletico Madrid 2022-23Getty

Levantarse del suelo

El Atleti está enfermo. Está inmerso en una crisis galopante, el equipo no encuentra ningún tipo de respuesta, el ambiente cada día es más irrespirable, el entrenador ha probado casi todo sin salirle casi nada y los jugadores no paran de explicar que lo quieren sacar pero son incapaces de sacarlo. El Atleti sufre la peor enfermedad que puede tener un equipo grande: se está acostumbrando a la derrota y se está estrellando contra su frustración. Mentalmente, el equipo sigue anclado y varado en el penalti de Carrasco, fuera de tiempo, que le dejó KO en la Champions. Hacía meses que no tenía seguridad, que no carburaba y que estaba lejos del nivel que debe tener, pero aquel penalti ha dañado seriamente la moral del equipo.

Simeone, más expuesto que nunca, está viviendo el momento más complicado desde Milán. Busca, pero no encuentra. Pide, pero no le dan. Lidera, pero no le siguen. Ha probado todo aquello que podía probar. Ha cambiado de sistema, ha variado las alineaciones, ha buscado fórmulas para dar seguridad al grupo y ha alternado todo tipo de cambios en todas las líneas del equipo. El orden de los factores no altera el producto. El Atleti es un flan en defensa, un manojo de nervios en el mediocampo y una escopeta de feria arriba. Simeone no es de los que venden hielo a los esquimales, porque sabe que el campo no miente: "Siempre se puede estar peor". La inercia del equipo es negativa, la presión es máxima y el ambiente en la grada empieza a ser irrespirable. Y todos sabemos, porque así lo atestigua la historia, qué pasa cuando el Atleti se abandona, se abona a la histeria y se desmaya. Que se autodestruye. Y en eso, es un club único. Si deja de creer, no para de caer. Rayo, Leverkusen, Cádiz, Oporto y Espanyol. Cinco dramas, cinco ridículos.

El mal del Atleti es multifactorial. Para intentar describir con precisión todo lo que le pasa a este equipo, se necesitaría escribir una enciclopedia, pero conviene ir cortito y al pie: el grupo está bloqueado mentalmente, la competencia interna brilla por su ausencia, los errores individuales se repiten como el ajo, la inseguridad defensiva es inaguantable, la falta de rebeldía es terrible, la forma física del equipo es deficiente, el líder empieza a desesperarse porque no encuentra respuestas, la planificación deportiva ha sido un completo desastre, la temporada va camino del contenedor de la basura y la afición empieza a estar harta de un equipo que nunca se pone a su altura.

Con el vestuario agrietado, el banquillo discutido, los despachos hirviendo y la grada dividida, el Atleti intenta metabolizar que uno cae para aprender a levantarse. Siempre es más fácil buscar culpables que encontrar soluciones, porque el Atleti siempre ha sido, es y será el peor enemigo del Atleti. Consumido por la ansiedad y víctima de su crispación, el Atleti pide a gritos un respiro. La tensión se corta con un cuchillo, todo el mundo está harto de todo el mundo y como siempre se puede estar peor, es momento de unirse de una vez por todas. Fácil de decir, difícil de hacer. Ser del Atleti es levantarse de cada paliza y ponerse en pie, incluso cuando no tienes ganas de hacerlo. Falta saber si este grupo tiene ganas de levantarse. Ahora está en el suelo. Sigue tirado ahí desde el penalti de Carrasco. Como si se lo pudiera permitir. Como si alguien les fuera a echar una mano. Como si su gente no mereciera algo mejor.

Caer está permitido, pero levantarse es obligatorio. Y el que no lo entienda, ahí sobra.

Rubén Uría

Anuncios
0