Un día le preguntaron a Ron Atkinson, aquel flemático entrenador inglés de los noventa, qué podría pasar en un partido del Atlético de Madrid. "Seamos sinceros. Puede pasar cualquier cosa". Pues eso. Todo o nada y pronóstico abierto. En plena crisis, con muchas dudas, con una defensa inestable, ante un grande que solo ha perdido uno de los últimos catorce partidos, ante la “bestia negra” Cristiano Ronaldo y sin Carrasco, sin Koke, sin Cunha, sin Wass y Lemar recién salido del Covid-19. Así llega el Atleti a la Champions. Como quien olvida la historia se condena a repetirla, el equipo de Simeone tiene claro quién es el enemigo público número uno para esta noche: Cristiano. Cada vez se se cruza en el camino europeo del Atleti, los rojiblancos hacen la maleta. El portugués no estará solo. El todopoderoso United, aunque esté lejos de su mejor versión, tiene amenaza de sobra para hacer temblar a cualquiera: Pogba, Rashford, Sancho o Bruno Fernandes no son moco de pavo. Revisadas las trayectorias, el asunto es simple: basta echar un vistazo a los números para sentir escalofríos. La cuestión es si eso pesará en el partido, si el United hará buenos los pronósticos o si el Atleti volverá a pisotearlos, como suele hacer cuando nadie da un euro por él. Lo racional invita a pensar mal. Lo irracional, porque el Atleti es una pasión inexplicable, recomienda soñar con hacer posible lo que otros ven imposible.
Sin embargo, no hay atlético que se precie de serlo que, conociendo a su equipo, no sepa bien de qué va está noche. Escenario gigante, estadio a reventar, la afición calentando la garganta y la sensación de que el Atleti jugará contra sí mismo, como casi siempre. No hay peor enemigo para el Atleti que el propio Atleti. Y no hay un equipo capaz de superar las adversidades como el de Simeone. Y ahí es donde debe residir la fuerza colchonera: en reencontrarse con su identidad, la de un equipo feo, fuerte y formal que se sobrepone a cualquier circunstancia, que siempre compite y que, cuando la cosa se tuerce, saca a relucir el carácter. Es el United, es Cristiano, es Champions y es la última bala del Atleti. Y en el Metropolitano, con un público entregado, esa bala es de plata.
Apesta a noche grande, a partido histórico, a cita importante. Y ahí es donde el Atleti, que atraviesa un momento de dificultad que no se puede esconder, necesita dar la talla. Si hay quien duda de Simeone, que aplace las dudas hasta la medianoche. Si hay quien cree que los males del vestuario no tienen remedio, que conceda una tregua hasta que el árbitro pite el final del duelo. Si hay quien cree que la defensa volverá a desangrar al equipo, que confíe hasta que acabe el partido, porque el valor doble de los goles ya no cuenta. Y sobre todas las cosas, si hay quien sostiene que la temporada ya descansa en el contenedor de la basura, que espere al final del partido, no sea que al Atleti, que está herido pero no muerto, le de por resucitar y acabe sepultando al enemigo. Es el Atleti. Los profetas ya tienen lista y pagada la esquela de Simeone. Ahora falta el partido y la verdad del campo, que nunca engaña, porque agotadas las palabras, deben hablar los hechos. Será una noche que, como le gusta decir a mi amigo Paco Caro, cribará hombres y héroes. Es el Atleti. Y nada está escrito.
Rubén Uría
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