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Ernesto Valverde@AthleticClub

Ernesto Valverde y Mark Twain

Firma Lartaun de AzumendiGoal

Retorna el Athletic, oiga. Atrás quedan los amistosos, las probaturas, los partidos de dos horas en Alemania y las invasiones de campo de la chavalería en pantalón corto. El fuego real arriba a San Mamés en la festividad más universal de agosto, a media tarde, con la ensalada y el bonito encebollado aún rugiendo en los estómagos de los fieles a los colores rojo y blanco.

Una nueva junta directiva en el palco y el retorno de un más que conocido técnico, el solvente Valverde, son los ingredientes que concitarán las primeras miradas del público y la prensa que se acerque al coliseo bilbaíno. Unas novedades –salvo que nos sorprendan con inesperadas caras nuevas en las próximas horas– que pasarán a mejor vida cuando el esférico se ponga en movimiento.

Hasta aquí, lo previsto. Mas se puede realizar un ejercicio de prospección en el corazón de quienes aman a este club y aventurarse a afirmar que socios y aficionados anhelan (otro asunto es que lo esperen) un Athletic que ofrezca ese algo que devuelva la autoestima.

Murió en 1910 y seguramente no escuchó hablar del Athletic jamás, pero Mark Twain llevaba como bandera personal un fulgor del que hacían gala los integrantes de aquel equipo de comienzos del XX que siempre competía de tú a tú con cuantos se rivales se ponían frente a él. Dejó para la historia numerosos pensamientos que aún se citan. Esas píldoras que sirven, a menudo, como espoleta en la vida de muchas personas. Una de las más célebres del escritor sureño estadounidense habla de que “no es el tamaño del perro en la pelea, sino el tamaño de la pelea en el perro”.

Conocer a Ernesto Valverde es saber que con su contratación el Athletic se hacía con un conductor con las habilidades suficientes para llevar al equipo a terrenos competitivos. Números cantan. Ahora bien, en un momento como el actual en el que el propio ritmo del fútbol está definiendo cada vez más los distintos niveles en los que se van a mover las entidades en los próximos años, el Athletic precisa que el tamaño de la pelea del perro crezca. Más allá de cómo sea el realmente el can respecto a quienes le vayan a plantar cara.

La recomposición de los esquemas de juego, la reasignación de determinados roles en los jugadores y el acierto en las decisiones de los descartes forman parte del crecimiento del grupo que lidera el Txingurri. Pero el espíritu que sea capaz de dotar el hombre tranquilo a ese vestuario, el desparpajo con el que salgan al campo los 11 elegidos y sus recambios, la conciencia de que cualquier batalla hay que previsualizarla como exitosa, hará posible que el Athletic dé un salto cualitativo en su desempeño.

El tamaño de la pelea del perro hará que los leones a su cargo descubran que algo más que “intentar entrar en Europa” es realizable. Urge que Valverde se vista de Twain y que de esta manera un club como el de San Mamés vuelva a aparecer en los pensamientos de quienes hacen los pronósticos cada comienzo de campaña. El fútbol no espera y viaja en Alta Velocidad.

Lartaun de Azumendi

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