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Copa América

Brasil le da la espalda a su Copa: la vida le gana al fútbol

02:21 CLT 19-06-19
Copa America 2019 Guarulhos 180619
Unas horas en la inmensidad del aeropuerto de Sao Paulo durante el partido contra Venezuela. ¿Qué le pasa al brasileño mientras rueda su pelota?

"Passageiros com destino a Belo Horizonte por favor, dirija-se ao portão de embarque número 209..."

Guarulhos es una marea de zombies, retrato de gran urbe: todos tienen una meta y hay que llegar, no importa cómo. Un blend de adrenalina con notas de desquicio. Laberíntico, lleno de puertas, rampas, pasillos y pasillitos. Sobran estímulos: el "frango" (pollo) huele a Calvin Klein y el "queijo" (queso), a Lindt cacao 70%. 

El principal aeropuerto de Brasil es un mundo y, como tal, lo habitan tramas e intrahistorias

Dos parejas de amigos, en apariencia, jubilados o próximos a serlo (si es que no prospera el proyecto del presidente Jair Bolsonaro), reparten su atención entre pispear sus teléfonos móviles en la estación de carga y escuchar si "la voz del estadio" de Guarulhos anuncia algún cambio en el embarque para Fortaleza.  

Brasil y su clase política no son inmunes a la epidemia del oportunismo. En plena apertura de la Copa América, Bolsonaro, con la desvergüenza trumpesca que lo caracteriza, intentó avanzar en la reforma jubilatoria, cuyo objetivo es reducir el déficit fiscal a costa de elevar la edad (65 hombres, 62 mujeres) para dejar de apotar a la caja previsional. 

La huelga general de sindicatos, gremios en más de cien ciudades en más de 20 estados (de un total de 27) no pasó desapercibida, pese a que la luminaria mediática alumbre la pelota. 

ENTRE MOCOS Y PIZZA 
El bebé no para de toser, llorar y luchar contra unos mocos rebeldes mientras el papá y la mamá hacen malabares en el aire para sostenerlo, abrir el jarabe, que lo tome sin volcárselo encima y no perder el vuelo. 

No hay filtro de selfie que convenza a la adolescente que espera sentada en una de las mesas de uno de los tantos locales de comida rápida. 



La pantalla verde, grande y protagónica en el salón, no hipnotiza ni encandila a ningún comensal de la heterogénea reunión familiar. Sí a un hombre que la mira, haciéndole el favor. 

No pasa de tenue el "uhhh" de algunos por el derechazo apenas desviado de Richarlison. Ni un atisbo de puteada al aire: se enfría la pizza. El VAR no indigna, resigna

Al caminar las excepciones aparecen. Parado, encapsulado con la pantalla del teléfono, hay uno que debe estar mirando algo importante. ¿La novela? ¿Netflix? Falla el prejuicio: la pantalla está verde y la mueca no invita a interrumpir con preguntas. 



"DESPUÉS DE LO QUE PASÓ..." 
"Tengo que trabajar, por eso no lo miro. Además, estamos desanimados. Es difícil después de lo que pasó en 2014", me subtitula Juan, por si hiciera falta, mientras subimos al avión rumbo a Belo Horizonte. L-o-q-u-e-p-a-s-o fue el 7-1 con Alemania en el Mineirao y efectivamente la elipsis explica el dolor

Mineirao donde este miércoles la Selección Argentina lidiará con sus propios asuntos atragantados para volver a conectarse con quienes alguna vez la bancaron. 

A su manera, Brasil le da la espalda a su Copa. Por ahora, la vida le gana al fútbol.