Aunque los decepcionantes resultados en el campo fueron el principal motivo del despido de Amorim, los problemas fuera del terreno de juego también influyeron significativamente en su caída. Según algunas informaciones, se produjo un notable enfriamiento de las relaciones dentro de la estructura deportiva del Manchester United. En concreto, la ruptura de la comunicación entre el entrenador y el director deportivo Jason Wilcox creó un ambiente de trabajo tenso e improductivo entre bastidores.
Esta falta de sinergia interna hizo que la posición de Amorim fuera cada vez más insostenible a medida que pasaban los meses. Cuando el departamento de contratación y el cuerpo técnico no están perfectamente alineados, resulta casi imposible sentar las bases sólidas necesarias para una nueva visión táctica. La fricción interna significó que la estructura de apoyo necesaria para «implementar esas ideas», como dijo Candido, se desmoronara bajo la superficie, dejando finalmente al equipo directivo aislado.