La misión de Enzo Maresca estaba llamada a ser una de las más difíciles del fútbol moderno en el terreno de los banquillos. Un entrenador que llega al Manchester City como sucesor de una leyenda del tamaño de Pep Guardiola, tras una era que hizo historia en el club y cambió la forma de competir en Inglaterra y en Europa, para verse obligado a mantener ese mismo legado, en medio de comparaciones interminables con su antecesor.
Sin embargo, tras las primeras semanas de la temporada, parece que Maresca afronta esta tarea como si fuera menos complicada de lo que muchos esperaban. El técnico condujo al Manchester City a cuatro victorias consecutivas en el arranque de la Premier League, de modo que el equipo comparte el liderato de la clasificación con el Arsenal, mientras que los primeros indicios apuntan a que la lucha por el título podría volver a quedar reducida a ambos conjuntos.
Y la victoria más importante no fue simplemente un nuevo triunfo dentro de la racha de resultados positivos, sino que llegó en el escenario y en las circunstancias más complicadas: cuando el City regresó del estadio de Old Trafford con un valioso triunfo por 1-0 sobre el Manchester United, pese a que el equipo se vio obligado a disputar buena parte del encuentro con diez jugadores tras la expulsión de Phil Foden.
Más importante que el propio resultado fue la reacción del equipo. Los jugadores del City no se mostraron desconcertados ni presa del pánico, sino que mantuvieron la calma hasta el final, un rasgo que se ha convertido quizás en lo más admirable del inicio de la era Maresca.









