El Real Madrid no necesitaba una nueva derrota para que resurgieran las preguntas sobre el trabajo de José Mourinho; la trabajada victoria por 1-0 ante el Villarreal, el sábado, en la octava jornada de LaLiga le dio al equipo los tres puntos, pero no ofreció una respuesta convincente al problema que lo acompañaba antes del parón.
Tres semanas de preparación, durante el parón internacional, y el balance: un rendimiento errático, una apuesta por soluciones individuales que no llegan con facilidad y una dependencia de jugadores irregulares, de rendimiento cambiante, para salvar la situación.
El Real Madrid no se mostró en la primera parte como un equipo con un plan claro para imponer su ritmo. Transiciones lentas de la defensa al ataque, un centro del campo que no logró controlar el desarrollo del juego y dificultades para llevar el balón a las zonas de peligro, mientras que el Villarreal se mostró más organizado y con mayor capacidad para contener a su rival.





