Pues parece que se podía vivir sin fútbol.
Algunos festejaron la frase y la viralizaron como una verdad. Otros se burlaron de ella y tornaron la imagen en un meme, una broma, una ironía.
Lo cierto es que también se puede vivir sin ir al cine o al teatro. Se puede vivir sin escuchar un recital. Se puede vivir sin ir a la plaza a pasear a tus hijos. Se puede vivir sin los asados. Se puede vivir sin ir a bailar. Se puede vivir sin ir a la oficina
Pero se vive mucho peor. Se vive a la espera de que la vida vuelva a ser.
Y, a la larga, el autor de esa frase habrá sido un desconocedor. Una persona simplemente ignorante del poder del fútbol. Un deslucido intelectualoide pretendiendo hacerse notar. En estos días, lo que se hace es sobrevivir. Pero vivir es otra cosa.
Vivir, para nosotros, los que amamos el fútbol, es el olor del pasto.
Vivir es el ruido del golpe seco de una buena pegada.
Vivir es la tribuna, saltar, que el de atrás meta un empujoncito y quedes obligado a correr unos escalones hacia abajo.
Vivir es el chori antes de los partidos.
Vivir es subir esos escalones a punto de entrar a la cancha.
Vivir es salir a gritarle el gol al vecino
Vivir es los festejos en el bar
Vivir es ver un partido con tu viejo y tu hijo
Vivir es empezar a patear una pelota
Vivir es el picado con amigos
Vivir es embarrarse, ensuciarse, resbalarse
Vivir es la humillación
Vivir es el sacrificio, el sudor, el entrenamiento
Vivir es jugar en donde sea, como sea
Vivir es llorar por perder
Vivir es llorar por ganar
Vivir es soñar Vivir hoy es esperar que vuelva el fútbol.
Porque sin el fútbol logramos sobrevivir, pero con el fútbol podemos vivir un poco más felices.