Un disfraz permitió a Ronaldo fichar por el Barcelona

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Joan Gaspart revelaba en exclusiva para Goal cómo tuvo que disfrazarse para conseguir que el brasileño pudiera firmar su contrato con los azulgranas.


LA INTRAHISTORIA

El verano de 1996 cambió para siempre la carrera de Ronaldo Nazário. A los diecinueve años el brasileño no era, ni mucho menos, un desconocido en el mundo del fútbol. Campeón del mundo en 1994 -aunque no disputó ni un solo minuto en el Mundial de Estados Unidos-, el PSV Eindhoven se le empezaba a quedar pequeño como demostraban los 54 goles que había metido en los 57 partidos que había disputado durante sus dos temporadas en el club holandés, su primer destino tras abandonar el Cruzeiro que le vio nacer. Sin embargo, la historia pudo haber sido muy distinta si el entonces vicepresidente del Barcelona, Joan Gaspart, no hubiera sido tan creativo a la hora de cerrar el contrato que culminó con Ronaldo en el Camp Nou.

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El propio Gaspart revelaba en exclusiva a Goal que "hasta tuve que disfrazarme para conseguir su firma". Gracias a esto Ronaldo se enfundó la casaca azulgrana y dio el salto de calidad que le consagraría, primero en el Barcelona y luego en el Inter y el Real Madrid, como uno de los más grandes delanteros que jamás vio la historia del fútbol. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos. El club azulgrana necesitaba un golpe de efecto que apagara el doloroso incendio de la reciente destitución de Johan Cruyff. Bobby Robson, su sucesor, no despertó particular entusiasmo y el Barcelona que presidía Josep Lluís Núñez resolvió ir a por la mayor promesa del mundo. "No tardamos en alcanzar el acuerdo con el PSV", a razón de dos mil quinientos millones de pesetas, unos quince millones de euros al cambio actual, lo cual supuso una cifra récord en aquel momento.

"Pero en el acuerdo había una pequeña pega", relataba Gaspart. "Teníamos que lograr el beneplácito del jugador y conseguir su firma antes del 15 de julio, cuando el pacto teníamos con el PSV pasaría a ser nulo". El club tampoco tardó en llegar a una entente con los representantes del jugador, que estaba concentrado en Miami con su selección en aquellos momentos. Sólo faltaba la firma del delantero para cerrar el traspaso. "Sin embargo, el PSV se dio cuenta de que no quería perder al jugador y llamó a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) para que pusiera todas las trabas posibles a la posibilidad de que el Barcelona se viera con Ronaldo", para evitar así su firma y conseguir la nulidad del acuerdo. Gaspart no sabía nada de esta trama cuando viajó a Brasil una semana antes de que venciera el plazo acordado con el PSV.

"Había dos gorilas que no me querían dejar pasar de ninguna de las maneras, para ver a Ronaldo o a cualquier otro jugador". Gaspart, sorprendido ante esta extrañísima medida, se negaba a regresar a Barcelona con las manos vacías. Mientras, las oficinas del club recibían a diario una llamada del PSV recordándoles la cuenta atrás. El tiempo apremiaba y no había manera de acceder a Ronaldo. Apareció entonces el Gaspart de las grandes ocasiones, aquel al que no se le podían meter goles negociando. "Conocí a un camarero español del hotel y me prestó su traje, una bandeja y una Coca-Cola".

Gaspart no lo dudó. "Me difracé, les di los buenos días a los dos gorilas y les dije que el huésped de tal habitación había pedido un refresco". Esta vez le dejaron pasar. "Piqué en la puerta de Ronaldo y me abrió él mismo". Obviamente, el brasileño "no entendía nada" cuando Gaspart se presentó y se sacó del improvisado disfraz su nuevo contrato con el Barcelona. El brasileño, entre risas, llamó a sus representantes, que le dieron luz verde "y estampó su firma en el contrato ahí mismo, encima de la cama" del hotel de concentración. Pero esto no había acabado. Ronaldo era jugador del Barcelona, en efecto, pero llegados a este punto "lo podíamos hacer público por las buenas o por las malas".

El vicepresidente se acercó al representante de la CBF que inicialmente había vetado que Gaspart se viera con Ronaldo. Habló claro. "Puedo decir la verdad o explicar que todo ha sucedido de forma habitual, sin contratiempos de ninguna clase" y sin que nadie hubiera tenido que disfrazarse. El tipo no se lo creía y Gaspart tuvo que enseñarle "de lejos" el contrato. Tuvo que ser el propio delantero el que le confirmara, por teléfono, que "es verdad que un camarero me ha traido mi nuevo contrato con el Barcelona" antes de dar credibilidad a lo que le contaba Gaspart. Al final claudicó y Ronado fue anunciado el día siguiente, 10 de julio, como nuevo jugador del club azulgrana, donde apenas se quedaría un año pero dejaría un recuerdo imborrable en la afición del Camp Nou, que todavía le tiene por uno de los mejores arietes que jamás pisaron el feudo azulgrana.

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