Siempre fue más importante ser campeón que subcampeón

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Derrota por la mínima en Sevilla (3-2). Zidane rotó a medio equipo, pensando en la final de Kiev y no tanto en la segunda plaza del Atlético

OPINIÓN

Todos sabíamos el final de esta película. Como si se tratase de Titanic o de Apolo XIII. Lo único que quedaba por definir era cómo se iría desarrollando la acción, quiénes serían los protagonistas principales, los puntos de giro del guión… Pero con el Sevilla jugándose la vida en casa y el Real Madrid sin jugarse nada tras los esfuerzos en semifinales de Champions y en el Clásico, cabía esperar que los puntos se quedasen en el Sánchez Pizjuán. Eso sí, el desarrollo fue trágico para los blancos. Porque sólo al final maquillaron un 3-0 sin tampoco merecer semejante castigo (3-2). 

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Es cierto que el Real Madrid no estuvo para nada brillante. Con medio equipo sin convocar y una alineación muy 'copera', durante 85 minutos hizo un partido correcto, simplón, suficiente. Sin más. Pero es que el Sevilla también anduvo acertado de cara a puerta como si Joaquín Caparrós no sólo hubiese traído coraje al Sánchez Pizjuán, sino que hubiera llegado con una billetera a rebosar de goles. Llegó tres veces y media al área merengue y marcó tres goles. Lo que, de paso, no dejó tampoco en muy buen lugar a esos jugadores menos habituales que podían estar ante su último tren de cara a la próxima temporada: Kiko Casilla, Ceballos, Theo y Jesús Vallejo. En el primer gol de Ben Yedder -que cuajó un magnífico partido-, el central aragonés quedó marcado previamente frente a Muriel; en el segundo, un rechazo entre Vallejo y Theo dejó solo a Nzonzi para asistir a Layún a placer; y en el tercero le ganaron la espalda a Theo para que un centro de Mercado lo metiese en su propia puerta Sergio Ramos para un 3-0 momentáneo. Esa es otra: el partido de Ramos.

El partido de Ramos se merece un párrafo entero. Y es que, como siempre que vuelve a Sevilla, parece destinado a centrar todos los focos. Pese a los intentos de Caparrós, la afición sevillista volvió a recibirle con mucha acritud, dejándole en la diana. No salió de ahí en el primer gol del Sevilla, pues Ben Yedder era la marca de Ramos, mientras que en el 3-0 fue el camero el que desvió el balón hacia su propia puerta. Como la temporada pasada. Pero lejos de ser protagonista negativo en su propia puerta, también lo fue en la contraria, fallando un penalti a la hora de partido. Todavía a tiempo para la remontada con un 2-0 momentáneo. Lo mandó al larguero. ¡Qué palo! Y cómo se cebaron entonces con él desde la tribuna. En esa misma portería había marcado la temporada pasada a lo Panenka, pero no esta vez. O al menos, no a la primera. Porque en el descuento sí pudo desquitarse con otro penalti que ‘inventó’ Theo para el 3-2 final, pidiendo disculpas al respetable. Demasiado tarde. El gol, no las disculpas. Eso sí, los últimos cinco minutos de los blancos, con ese tanto de Ramos de penalti y otro de Borja Mayoral poco antes, fueron un lavado de cara necesario para lo visto durante los 85 minutos anteriores. 

Sea como fuere, nadie en el madridismo se acordará de esta derrota cuando se acabe la temporada. Ni aunque el partido hubiese acabado 3-0. Pues todos los ojos están puestos ya en la final de Kiev. El disgusto de dejar escapar la segunda plaza en favor del Atlético durará poco. Porque siempre fue más importante ser primeros, que ser segundos. Es de Perogrullo. Y también en este caso concreto, ser campeón de Europa antes que ser subcampeón de España. El modo Champions ya está encendido. Queda un día menos para la final.

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