Rubén Uría: "Setién y respetar para que te respeten"

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Ruben Uría Blog

Es un secreto a voces: No soy el fan número uno de Quique Setién. Es de dominio público y es algo le consta al entrenador del Betis, que me dijo que no estaba contento conmigo durante un programa en directo. Razones tenía. No soy un entusiasta de Setién, entre otras cosas, porque tengo la sensación de que soluciona problemas al tiempo que los crea y porque entiendo que su magnífica labor como entrenador termina siendo socavada por su incontinencia verbal. Al grano. A Setién lo que es de Setién. Ha logrado que el Betis pase de ser un equipo con dificultades a ser un aspirante a plaza europea, le ha dotado de un estilo reconocible, ha apostado por la cantera cuando más difícil parecía (Junior, Loren, Francis) y tiene a su equipo a un paso de una final, vivo en competición europea y en la zona noble del campeonato. Es un buen técnico, es indiscutible. Y sin embargo, siendo consciente de que sabe más de fútbol que cualquier periodista, comentarista, taxista, fontanero o albañil, con la figura de Setién se produce un fenómeno curioso: o él está siempre acertado y el resto del mundo equivocado (que puede ser) o el personaje mediático le está devorando a pasos agigantados (que también puede ser). Que Setién se presente en sociedad como un entrenador fiel a sus ideas y principios, es loable. Que haga bandera de querer equivocarse con sus ideas antes que con las de los demás, es plausible. Y que entienda el juego desde la posesión, no es nada reprochable. 

El problema de Setién, en mi humilde opinión, es su mensaje. O se expresa rematadamente mal o los periodistas no somos capaces de interpretarle bien. En mi caso, creo que Setién, envuelto en la bandera que se arroga, la del buen fútbol, se siente cada día más cómodo en el papel de integrista de la posesión. Tanto, que en algunas ocasiones, con tal de defender sus ideas, parece como si necesitase pisotear las del resto. No es agradable que un entrenador profesional decida hacer público que le dijo a otro colega que no le gustaba el juego de su equipo. Primero, porque supone una intromisión en la esfera privada; y segundo, porque lo que dice Pepe de Juan dice más de Pepe que de Juan. No pareció muy sensato aquello de que Bartra debió hacer algo mal para estar en el Betis, palabras por las que tuvo que disculparse. Tampoco ayuda que cada vez que su equipo pierde comente que no hay escusas, mientras va desgranando las dificultades del horario, del calendario, del césped y lo que haga falta, porque ya llueve sobre mojado. Y por último, resulta reprobable insistir en una especie de superioridad moral insultante sobre un equipo, el Leganés, que le había metido tres goles como tres soles, superándole por tierra, mar y aire. Como para toda acción hay una reacción, Etxeberría le ha contestado en redes sociales: “Respeta y serás respetado”. Clemente ha ido más lejos: “Lo hiciste muy bonito en Las Palmas y no bajaste de casualidad”. 

Creo, honestamente, que Setién, además de ser un formidable jugador en su día y de ser uno de los pocos hombres dignos que denunció las tropelías del gilismo, es un buen entrenador al que le traiciona su incontinencia verbal. Y creo que el periodismo ha encontrado un filón mediático con Setién, porque su personalidad está siendo capaz de recrear uno de esos personajes que no deja indiferente a nadie. Si gana, le lavan los pies con agua de rosas, diciendo que debe ser entrenador del Barça (¿?) y que el fútbol de Setién es patrimonio de la Unesco (sic). Y si pierde, los fiscales de Quique, entre los que ustedes pueden encontrar a quien esto escribe, alegamos que está poseído por la posesión (sic) y que se ha convertido en un talibán estilístico. Sin embargo, más allá del circo mediático, de los resultados, las filias y las fobias, está la realidad. Una en la que ni el más crítico con Setién podría negar que es un entrenador fantástico al que sus palabras, a veces, le meten en charcos innecesarios. Quizá la solución pase porque Setién revise sus declaraciones y porque los que las enjuiciamos aprendamos a tener más empatía con un señor que sabe de qué va esto. Setién tiene que respetar si quiere que le respeten. Y el resto tenemos que respetar a Setién si queremos que él nos respete. Al fin y al cabo, convivir va de eso.

Rubén Uría

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