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El paripé Neymar: Historia de una gran mentira

06:26 CLST 03-09-19
Neymar, Barcelona logo
Ni Bartomeu ni su directiva quisieron nunca a Neymar: todo fue un paripé

Al grano: En noviembre de 2018, Goal publicó que Neymar ya sabía qué hoja de ruta debía cumplir para volver al FC Barcelona. Pese a las carcajadas de parte de la profesión -que luego se subió al barco en verano- y pese a que la directiva del Barcelona negó, en público y en privado, una verdad como un templo, el regreso del brasileño siempre estuvo sobre la mesa. Bien entrado marzo, Bartomeu apostó por fichar a Antoine Griezmann, que el verano anterior había rechazado al Barcelona, grabando un documental emitido a escala mundial. Toda vez que Bartomeu tenía el “sí quiero” de Antoine desde primavera, el presidente se encontró con una bofetada bestial: Anfield. En junio, cerrado el francés y conociendo, de primera mano, que algunos jugadores no estaban entusiasmados con esa incorporación, la directiva topó con otro problema: Neymar se pasaba el día llamando a sus compañeros para volver, se había puesto a tiro y quería salir de París. Y no era un farol. Así que Bartomeu empeñó su palabra con el vestuario y con la boca pequeña, prometió a los pesos pesados que haría todo lo posible para que regresase. No quería desairar al grupo y apostó por decirles lo que querían escuchar. No estaba el horno para bollos.

Bartomeu, sabiendo que se había metido en un jardín de proporciones bíblicas, se esforzó en construir un nuevo relato. Tenía que contentar oídos. Así que para esa tarea, contó con la cooperación del periodismo, siempre ansioso de vender ilusión en verano. Desde Barcelona se contó que Neymar llegaría porque Bartomeu había tomado las riendas. Y desde Madrid se contó que Messi, al que siempre presentan como un pequeño dictador, había exigido a Neymar y que Bartomeu, convertido en la portera de Núñez, haría lo que le ordenaba Leo. Patada a seguir. Así que el vodevil se activó. A nivel moral y ético, el fichaje era kafkiano: había que convencer al mundo de que era necesario comprar al tipo que había dejado tirado al club, al que se había reído de los socios, al que había judicializado al Barça y al mismo que le tenía denunciado en los tribunales. Vivir para ver. Sin demanda social, sin necesidad deportiva y sin suficiente músculo económico, Bartomeu le prometió al vestuario, en mitad de la gira veraniega, que mantuviera la calma porque acabarían fichando a Neymar, ese que según el propio Bartomeu es ahora mismo bastante peor jugador que Dembélé. Había que seguir contentando oídos y sabiendo que el fichaje era una quimera, había que mentir hasta cuando se decía la verdad.

Maestro en el arte de cambiar todo para que nada cambie, Bartomeu puso en marcha un show teledirigido para no irritar al vestuario. Por eso filtró a la prensa que el PSG no quería vender. Por eso telegrafió todos sus movimientos. Por eso televisó la negociación. Por eso sus colaboradores cogieron un vuelo regular para hacer el “fichaje”. Por eso, con sesenta días por delante, hizo la primera oferta el 27 de agosto. Por eso, inventó decenas de ofertas de paja. Por eso se puso a negociar sin dinero. Por eso ofreció meter en la operación a siete jugadores distintos, en un postureo donde sólo faltó meter en el “pack” a Lineker, Migueli y Nacho Solozábal. Por eso, mandó a París a un ejecutivo que regresó diciendo que estaban muy cerca y que no podrá explicar por qué no ha dimitido si tenía el fichaje cerca y lo dejó escapar. Por eso, Bartomeu estiró el chicle lo indecible, para evitar que el Madrid no entrase por la gatera. Por eso Neymar, que cumplió la hoja de ruta que le pidieron, que dijo no al Madrid, que presionó al PSG para salir, que llegó a ofrecer dinero de su bolsillo y que estaba dispuesto a quitar la demanda, se quedó con cara de tonto. Por todo eso, este culebrón ha sido una de las más grandes mentiras mediáticas de la historia contemporánea del Barcelona. Y por todo eso, se vuelve a poner de manifiesto que Messi, al que la caverna nos dibuja como el pequeño dictador que ficha y desficha, manda en el club lo que mandaba la UGT con Franco. Porque aquí no pasa nada. Y si pasa, se le saluda.

No es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio: Bartomeu nunca quiso a Neymar. Todo fue un sainete orquestado, una simulación, un paripé para que los jugadores no le pudieran acusar de no haberlo intentado. Así que la historia deja un escenario de consecuencias imprevisibles. A un lado, un presidente que se mueve entre la improvisación y las promesas incumplidas. Al otro, un vestuario herido y harto de medias verdades. Con algunos futbolistas puestos en el escaparate, con otros jugadores usados como moneda de cambio sin comerlo ni beberlo y con otros jugadores que han visto cómo se les prometía algo que no se ha cumplido. El paripé deja vencedores y vencidos. Y síntomas de una fractura de proporciones bíblicas. Si no entra la pelotita, todo saltará por los aires. El que avisa no es traidor.

Rubén Uría