La CIA alivia el 'gafe' de Ronaldo y Benzema

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El Real Madrid espanta los fantasmas tras arrollar a Las Palmas (3-0) con goles de sus centrocampistas: Casemiro, Isco y Asensio

OPINIÓN

Plebiscito en el Santiago Bernabéu. Así se presentaba el partido de Liga ante Las Palmas después de la derrota del Real Madrid ante Girona y Tottenham, dejando una imagen pobre como en mucho tiempo. Y al equipo blanco le costó 40 minutos hacer que el público la olvidase. Porque el inicio del encuentro dejó los mismos malos síntomas que en anteriores choques: fragilidad en defensa, languidez general y poca eficacia en la portería contraria. Benzema fue el primero en demostrarlo, con un mano a mano clarísimo a los tres minutos de encuentro que falló, para desesperación del respetable.

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La noche marchaba entre bostezos y resoplidos ante un rival que ofrecía poco. La desgana pareció contagiarse hasta a la afición, que ni animaba ni gritaba y casi ni se quejaba (excepto en un par de ocasiones contadas). Lo que ocurría en el césped no animaba ni a un infante que debutase como espectador en el coliseo blanco. Imagínense a los demás. De hecho, se presumían pitos al descanso cuando Casemiro enmendó la situación en el cuarenta. De cabeza en un córner. El primer testarazo que entra esta temporada. Balsámico, en todos los sentidos.

Especialmente, porque al inicio de la segunda parte, con el resultado a favor, los nervios se fueron destensando. Sobre todo, cuando en el 55 Marco Asensio marcó uno de esos goles marca de la casa. Desde fuera del área, con un chut fuerte que quitó las telarañas de la escuadra. Golazo. 

Y ya con el 2-0 en el electrónico, el encuentro sí que fue otro. El Real Madrid empezó a creérselo, como no había hecho en mucho tiempo. Las acciones que en la primera parte caían en saco roto, esta vez acababan en el área rival, y el juego fluía con mucho más brío y brillo que nunca. La entrada de Lucas, Llorente y Ceballos ayudó a ello también. Isco marcó el 3-0 tras una gran asistencia de Ronaldo, que hizo un buen partido sin el premio del gol. Parece cosa de brujas. Y el Bernabéu, que lo intuye, le animó a pesar de su desviada mirilla. Cuestión de los goles y las victorias, que cambian la perspectiva de todo. Justo lo que necesitaban los de Zidane: empezar a marcar y a ganar para ver las cosas de otra manera. Misión cumplida ante Las Palmas.

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