"Murió Grondona". El mediodía del 30 de julio del 2014 quedará en la historia y en la memoria de todos los argentinos con una mínima vinculación al fútbol. Todos saben dónde estaban y cómo se enteraron. Fue el día que nadie pensó que llegaría. La necrológica que ninguna redacción tenía escrita de antemano (como sí tienen tantas otras). Algún día iba a pasar. Pero nadie esperaba que Don Julio se muriera así, de forma tan vertiginosa, tan repentina. Si el día anterior estaba reunido en la calle Viamonte, su segunda casa, con el resto del Comité Ejecutivo de la AFA.
Se leían festejos, se escuchaban bocinas. Eran los hinchas de fútbol, cansados de su imperio. Aparecía la congoja, los lamentos y los recuerdos de gran persona. Eran los dirigentes, los que lo llevaron a lo más alto y jamás dejaron que baje. El poder que construyó. Los argentinos, los sudamericanos, los mundiales. Los presidentes de los clubes enrolados en AFA, los de CONMEBOL, los de FIFA. Sepp Blatter mismo. Era el hombre del fútbol. ¿Vicepresidente primero de FIFA? Era el número uno, sin título ni ese cargo.
Julio Grondona era argentino. Con la maximización de los pros y los contras. El que "vació a los clubes" y dejó a la mayoría con economías deficitarias, el del fútbol sin visitantes, de las casi 200 muertes por la violencia, el de las barrabravas. El que "acomodó" sorteos en Mundiales, el que puso a Argentina como Selección y, sobre todo, como federación en los primeros planos, sentado en la mesa chica. El que le bajaba el pulgar al dirigente que se le pusiera en frente, pero era incondicional del que lo respaldaba. Así construyó el poder y, por sobre todo, su figura todopoderosa.
¿Alguien piensa que estar 35 años en el mismo sillón es simple? Grondona fue un manual de conducción política en sí mismo. Se sacó fotos con todos los Presidentes argentinos, de facto y democráticos, desde 1979 hasta su muerte. Con el gobierno de aquella época, que encabezaba Cristina Fernández de Kirchner, tuvo una relación comercial: el Fútbol Para Todos, creado para despojar de la televisación al Grupo Clarín. El mismo multimedio que destruía a Bilardo antes del 86. El mismo que tuvo el monopolio del fútbol argentino hasta 2008. Con su aval. Cuando le convenía tenerlo cerca.

También tuvo a Maradona a sus pies, casi lo rinde, vendió su alma y su dóping, lo recuperó, le dio la Selección como todos pedían, lo echó y volvió a alejarse. Pero hata el Diez le dejó palabras de respeto tras su muerte. Lionel Messi viajó al país especialmente desde sus vacaciones para despedir sus restos. Fue Grondona quien dejó en manos de Hugo Tocalli aquel amistoso a las apuradas, para que España no se lleve a la Pulga. ¿Qué recibió a cambio? Compromiso, respeto y cariño. Se lo ganó.
Todos levantaban la mano ante cada propuesta. Absolutamente todos. Alguno, eventualmente, se quejaba por lo bajo. Se cerraba la puerta con todos adentro y el sí era unánime. Nadie lo enfrentó. O sí: Teodoro Nitti fue el único que se animó a presentarse como candidato a una elección presidencial durante los 35 años del grondonismo. Sacó un voto a favor. Y también estuvo Daniel Vila, con ese espectáculo tragicómico pidiendo democratización. En el cara a cara, nadie. Porque siempre, tarde o temprano, iban a tener que marcar el número de teléfono y pedir un favor. Un árbitro, plata adelantada, una consulta. Y necesitaban esa respuesta.
Don Julio llegó al poder y lo administró. Como nadie. Ningún argentino supo hacerlo a su forma. "Todo pasa" tenía en su anillo, que sólo se sacó tras la muerte de su esposa en 2012. Sabía que a veces dar un paso atrás era el impulso para dar dos hacia adelante. Porque la AFA, señoras y señores, es parte de la FIFA. La que, 10 meses después de su muerte, voló por los aires en el más grande escándalo de corrupción de la historia de la pelota. En Zúrich, el hombre se movía a su gusto, como en la calle Viamonte, como en Sarandí, como en la ferretería. ¿Hubiera existido el FIFA Gate si Grondona seguía vivo? Imposible saberlo. En la causa, por lo pronto, su nombre no aparece, aunque todos los indicios apuntan a que es el "Co-Conspirador 1" que figura en los expedientes. Sin nombrarlo. Para que descanse en paz.
Grondona no se llevó a la tumba el sillón de la AFA, pero sí se llevó secretos, números, historias, experiencia que nadie de los que se sentaban a su lado tendrá alguna vez. Y se llevó el poder. En Viamonte tuvo que pasar un interinato, una intervención y una elección que terminó empatada 38 a 38 pese a que había 75 votantes para que, tres años después de la muerte de Don Julio, alguien pudiera nuevamente empezar a construir poder. Pero ni Claudio Tapia ni ninguno de los actuales dirigentes serán Grondona. Ni en la Asociación del Fútbol Argentino, ni en la CSF ni en FIFA. Porque los políticos con esta cintura no nacen todos los días. Y Don Julio habrá uno solo. Por suerte o por desgracia.
