Remontó el Atleti y Simeone se revolvió como un león enjaluado, buscando a la gente entre la grada. Había pasado noventa minutos en el potro de tortura y necesitaba sentir la complicidad de ese público al que el propio Cholo 'entrena' y siente como nadie. Moraleja: El Atleti, sin su afición, es menos Atleti. El Cholo, sin la gente, se siente menos Cholo. Y el fútbol, sin la gente, no es fútbol. Es otra cosa, algo con lo que nos tenemos que conformar en estos tiempos extraños y difíciles. Al grano: se revolvió Simeone para celebrarlo como la ocasión merecía. Y fue así porque el Atleti lo pasó mal. Primero, porque tuvo enfrente un buen equipo cuyo único pecado es no ser conocido para el gran público; segundo, porque defendió peor que nunca gracias a sus laterales; y tercero, porque a falta de Thomas o de un recambio, Herrera no fue el tapón de la bañera, sino un patito de goma que enjabonaban los austriacos.
El Atleti sufrió. Por la tenacidad del rival, por su agresividad física y sobre todo, por sus brutales errores atrás. Fallos que Simeone debe corregir ya. Entre otras cosas, porque estuvieron a punto de costarle Europa. Ya aparecieron en Múnich, donde prevaleció la coartada del "no hemos estado mal" y volvieron a aparecer ante el Salzburgo. No es algo puntual y empieza a ser tendencia. Y eso es imperdonable en un equipo de Simeone, que debe preocuparse y sobre todo, ocuparse, en que el colectivo vuelva a rearmarse para defender de manera firme y seria.
¿Por qué no perdió el Atleti cuando se empeñó en hacer lo imposible por complicarse la vida? Por varios esfuerzos individuales realmente brillantes y dignos de mención. Primero, porque Savic sostuvo al equipo en la zozobra, arreglando todos los desaguisados de sus compañeros, dando un recital de liderazgo y poniendo el pie donde otros tendrían miedo de poner la cara: segundo, porque Ángel Correa encaró como si no hubiera mañana para dar un segundo aire al equipo y desequilibrar rivales cuando nadie se atrevía; tercero, porque Marcos Llorente , por mucho que haya quien siga poniendo el acento en su pasado, se merece todo lo bueno que le pase, porque está en un momento físico, futbolístico y mental que merece la selección; y por último, porque el Atleti tiene en su equipo a un niño que se llama.... "Juan Feliz".
...João Félix , al que se echa en cara su alto precio (de eso no tiene la culpa el chico) y que aún no tiene la continuidad de los mejores (de eso sí tiene culpa y debe trabajar en ello), ofreció anoche un recital memorable de recursos técnicos de alta escuela. Cuando entre Rafa Alique y el departamento de prensa decidieron presentarle en el Museo del Prado, estuvieron sembrados: João Félix es justo eso. Puro talento, caviar del bueno, fútbol exquisito. Jugó como los elegidos, decidió el partido, anotó dos coles y dejó un rosario de jugadas que habría firmado el mejor Messi. Una chilena al larguero, un pase de espaldas brutal, un par de caños para quitarse el sombrero, dos remates envenenados y dos controles orientados que fueron un regalo para los ojos. Esta vez João Félix no fue un Peter Pan de pinceladas maravillosas. No, esta vez apareció mucho, gobernó el partido, líderó al equipo y acabó haciendo suyo el partido. El primero de la colección de museo que los atléticos esperan. Simeone tiene motivos para festejar. Si mejora en defensa y 'Juan Feliz' encuentra la regularidad, el grupo va a crecer mucho.
Rubén Uría




