In memoriam: Reyes, zurda de oro y corazón gigante

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Ruben Uría Blog

José Antonio Reyes se nos ha ido. Nos hemos desayunado con su terrible pérdida después de un trágico accidente de tráfico cuando conducía por la autopista Utrera-Sevilla. Un golpe helado para su familia, un hachazo invisible para sus amigos, un jarro de agua fría los clubes que le disfrutaron y una conmoción tremenda para los aficionados. Reyes, compañero de compañeros, se ha ido temprano, pero su sonrisa y su zurda son inmortales. Dicen que sólo mueren aquellos que son olvidados y si eso es así, Reyes no va a morir jamás. Dejó huella. Por su sentido del humor, por su sonrisa, por su compañerismo, por su talento natural y por su enorme carisma, tan cálido como el abrazo del mejor amigo. José Antonio, talento único, orfebre del balón, dueño de una zurda que era como un guante y del duende que siempre adorna a los más grandes, nos hizo disfrutar del fútbol como muy pocos. Reyes no era un futbolista. Era, más bien, un artista. Incomprendido, pero genial. Irregular, pero maravilloso. Su voz, característica, escondía la enormidad de un fútbol exuberante. Introvertido ante el micrófono y extrovertido con el balón, Reyes fue uno de los más grandes de su tiempo. Con la pelota en los pies, era capaz de la fácil, la difícil y la imposible.Su zurda no sólo era fútbol. Era una colección de arte.

Pura sangre, aroma a barrio y perfume de crack, Reyes fue el arquetipo del “niño prodigio”, del jugador que se salía de lo común, que fusionaba el fútbol con el arte y que levantaba al espectador de los asientos. Debutó en Primera con el Sevilla cuando tenía 16 años y antes de que pudiera siquiera asimilar todo lo que le estaba pasando, era una estrella en el cuerpo de un niño. Hasta 30 millones de euros llegó a pagar el Arsenal por su trapaso. Allí brilló con intensidad, pero nunca pudo adaptarse y acabó regresando para jalonar su carrera con diferentes camisetas y un rosario de títulos. Su zurda, pura fantasía, le abrió las puertas de la selección – quién no recuerda aquella charla motivadora del “abuelo” Luis que tanto revuelo causó-, le permitió coleccionar títulos de Europa League, conquistar una la Liga para el Madrid de Fabio Capello y también le sirvió para acabar consiguiendo lo más difícil que hay en el fútbol transformar los pitos en aplausos, como hizo en el Atlético de Madrid, donde ningún colchonero podría olvidar aquella Supercopa en la que mostró un talento infinito.  

Discontinuo pero genial, irreverente pero talentoso, intermitente pero crack, Reyes, que quizá pudo haber sido incluso mucho mejor futbolista de lo que realmente fue, dejó su huella en el fútbol. Lo hizo con aciertos y errores, con tardes de gloria y algunas menos buenas, pero siempre dejando claro que su sello era único e intrasnferible. Tenía duende, arte y jerarquía. Sevilla, Arsenal, Real Madrid, Atlético de Madrid, Benfica, otra vez Atleti, otra vez Sevilla, Espanyol, Córdoba, Xinjigan Tianshan chino, Córdoba - al que salvó de manera milagrosa. y Extremadura disfrutaron su sonrisa eterna y su fútbol exquisito. Príncipe de la finta y rey del pase, José Antonio Reyes, se nos ha ido temprano, pero siempre permanecerá en nuestra memoria. Si sólo mueren aquellos que son olvidados, Reyes seguirá entre nosotros. Ni su familia ni el fútbol podrán olvidarle. Fue único. Rebosaba alegría. Poseía duende. Tenía una zurda de oro. Y un corazón gigante, que no le cabía en el pecho. DEP, José Antonio.

Rubén Uría

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