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Lautaro (Inter), Ángel (Getafe), Willian José (Real Sociedad), Lucas Pérez (Alavés) y Rodrigo Moreno (Valencia), el casting del 9 en el BarcelonaGoal

El coleccionista de calabazas

Ruben Uria BlogGoal

En verano planificó mal, en invierno peor y tras una lesión de gravedad, nadie sabe ni contesta. Sin un plan creíble, sin una política definida y con un eslógan que presume de cantera pero se basa en la cartera, el FC Barcelona vive horas de desconcierto. En noviembre de 2018, Luis Suárez reconoció, incluso de manera contraria a sus intereses, que el Barça necesitaba fichar un delantero. Fue predicar en el desierto. Nadie movió un músculo. Y la secuencia de los hechos, desde entonces, es kafkiana. El Barça fichó a Griezmann semanas después de que el presidente insinuase al vestuario que no llegaría, después fue a por Neymar Junior televisando las negociaciones y con el único aval de los cromos del coyote y siguió apostando por Ernesto Valverde sabiendo que el toro que le había de matar ya estaba en la dehesa, porque ya no confiaban en él. En invierno, por más que el socio culé debatió y advirtió que era una prioridad, el club no fichó. Al contrario, vendió varios activos. Y tras la lesión de Dembélé - otra más para su dramática colección-, el club sacó la pata de donde la había metido y reconoció que sí, que debía fichar. Setién, recién llegado, teniendo que hacer una pretemporada en plena temporada, necesita un delantero. Y al club, que tiene un presupuesto de casi mil millones de euros, le han cogido con el pie cambiado. Para desesperación incluso del propio Bartomeu, la ejecutiva actual ni tiene imaginación, ni tiene dinero, ni tiene habilidad para negociar, ni tiene quién le crea.  

Avanzan las hojas del calendario y el Barça, a golpe de bandazo, a caballo entre la necesidad de fichar y la improvisación como única hoja de ruta, no para de coleccionar "calabazas". Lautaro, agua. Sondearon al Inter y la respuesta fueron unas carcajadas. Aubameyang, agua. El Arsenal pidió 60 y al Barça le tembló la paletilla. Rodrigo Moreno, agua. Pasó revisión médica en Barcelona, se armó un buen ruido y cuando el Valencia reclamó la pasta, se encontró con una oferta ridícula. Bakambu, agua. El club le hizo tomar un avión y cuando hizo escala, le llamaron para que diese media vuelta (sic). Willian José, agua. Ni el Barça tiene dinero, ni la Real lo necesita, ni se olvida qué pasó con Iñigo Martínez en su día. Pregunten a Bartomeu.  Hay más: como les hemos contado en Goal, al Real Betis le han preguntado por Loren Morón. Los béticos no bajan de 25 y el Barça, aunque a Setién le gusta, no pasa de 15. Ángel, del Getafe, está en la sala de espera porque en el Barça dicen que "es barato". El chico tiene 32 años y cláusula de 10 millones. En mitad de un "cástin" caótico aparecen Ante Budimir (Mallorca) y Emes Unal (Valladolid). Conclusión: palos de ciego y que venga quien sea, pero barato. 

Antes el Barça tenía un plan. Ahora la hoja de ruta es una moneda al aire. Para desgracia de los aficionados barcelonistas, el escenario del club ha virado 180 grados. Hace diez años, el club descubrió que era mucho mejor fabricar Balones de Oro que comprarlos. Hace un lustro, el club prefirió comprarlos antes que fabricarlos. Y ahora, el Barça, que durante años ha presumido de La Masia, no para de traicionarla. Desesperado por su falta de plan, prefiere comprar algo que no necesita antes que echar mano de lo que tiene en casa. Los que quieren al Barça no se merecen nada de esto. Los que llevan años deseando que se despeñe, sí. Este mes están agotando las palomitas. 

Rubén Uría

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