Del éxtasis a la vergüenza

AncelottiGetty images

Por Jorge C. Picón - El Madrid ha pasado en cuestión de cuestión de una semana y media del extasis irrefrenable a la vergüenza más absoluta. Si en su época la afición culé decía que el Bernabéu era el jardín de Messi, hoy puede asegurar sin miedo que es el de Xavi, Pedri o Aubameyang. 4-0 sin demasiado análisis por parte de los blancos, que fueron un equipo juvenil en manos del máximo rival. Y lo peor de todo es que comparecieron sin entrenador.

Carlo Ancelotti sale más que tocado del Clásico. Su plan (si es que había alguno) fue pobre. No tenía ni sentido ni convicción. Empezó inventándose una posición para Modric como falso nueve que solo funcionó si su idea era matar al croata a correr sin sentido. Después, quiso ‘revolucionar’ el equipo en la segunda parte con tres centrales y dos carrileros (Rodrygo y Vinicius). El experimento duró exactamente tres minutos, lo que tardó en marcar el tercero el Barcelona. En ese momento se dio cuenta de que estaba cometiendo una locura y trató de arreglarlo con Casemiro de central. Si a esto le sumamos el escaso éxito de la presión o la mínima preparación ofensiva, la mezcla es mortal.

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Parecía que con la liga en el bolsillo y dando la cara en Champions, era imposible pensar que Ancelotti pudiese ser destituido, pero es el propio italiano el que está actuando en su contra. Una derrota que lo deja en la diana y hace tambalear su silla. El Bernabéu empieza a sospechar si es el técnico que merece el nuevo proyecto de Mbappé.

Los jugadores también son señalados. Es triste ver a estrellas mundiales como Modric, Kroos o Vinicius correr como pollos sin cabeza, persiguiendo sombras. Pésima noche de Militao y Alaba. El segundo salió en la foto de los dos primeros tantos. Aubameyang y Ferran fueron demasiado rápidos, fuertes y talentosos. Solo Courtois, con varias paradas, salvó los muebles. Sin él, el partido era de 0-7.

El fútbol, como cualquier deporte, da siempre segundas oportunidades. Pero también tiene memoria, y estas derrotas no se olvidan. Un mazazo demasiado duro como para que quede nada. Un golpe a la mandíbula del madridismo de los que o te tiran a la lona o te obligan a reaccionar.