Todos le dijeron a Cade Cowell que esperara a conocer la Ciudad de México. Él no entendía muy bien por qué.
Para entonces ya llevaba algunos meses en Guadalajara, jugando con Chivas y rindiendo bien en su nuevo rol como extremo. La afición era tan intensa como se esperaba, pero, a diferencia de algunas advertencias, lo había recibido con los brazos abiertos. No hubo insultos ni hostilidad por ser el primer estadounidense en vestir la camiseta del club, a pesar de que su español aún no era fluido.
Con el tiempo en la Liga MX, Cowell llegó a pensar que Guadalajara representaba el punto máximo de intensidad que podía alcanzar una afición.
Estaba completamente equivocado.
Chivas viajó a la capital para enfrentar a Cruz Azul y, en aquel entonces, los equipos de la Liga MX aún se desplazaban en vuelos comerciales. Cuando los jugadores descendieron del avión y caminaron por la zona de llegadas del aeropuerto, se encontraron con unas 5,000 personas esperándolos. Cowell asumió que muchos llevaban horas ahí. No había vallas, ni seguridad, ni resguardo alguno. Solo gritos.
“Pensé: ‘Dios mío’”, recordó Cowell. “Aquí los aficionados son simplemente diferentes”.
Eso ocurrió hace casi dos años y, desde entonces, su vida ha cambiado. La intensidad sigue ahí, pero Cowell —alguna vez el joven rostro del proyecto de Chivas— fue perdiendo protagonismo. Pasó cada vez menos minutos sobre el campo frente a esas tribunas ensordecedoras. Hoy, los viajes ya son en vuelos chárter.
Y ahora, también ha vuelto a un terreno más familiar: viste la camiseta de los New York Red Bulls y se perfila como el rostro de una nueva etapa para el club en la MLS.







