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LEGADO: Argentina, de las heridas de la pasión a la gloria de la Copa del Mundo

Argentina no solo compite, sino que late como un solo hombre. No solo juega, sino que transmite. La selección argentina ha construido un legado que trasciende los resultados; ha convertido la Copa del Mundo en un territorio emocional, un campo de pruebas para el alma. Donde otros ven un torneo, Argentina ve el destino. Donde otros ven un partido, Argentina ve la historia.

Ese legado no se mide solo en títulos, sino en lo que esos títulos significan, y también en las derrotas que duelen, porque fueron esas las que forjaron el carácter, la identidad, la narrativa que culminó en Catar 2022. Es imposible entender la coronación de Lionel Messi levantando la Copa del Mundo sin antes recorrer los caminos que lo llevaron hasta allí: las frustraciones, las finales perdidas, las críticas y la angustia.

Durante décadas, el fútbol argentino vivió una tensión entre el talento y el sufrimiento, entre la esperanza y la desilusión, hasta que esa pasión, herida tantas veces, decidió convertirse en destino.

  • Supporters of Argentina cry after their team's loss at the end of the 2010 World CupGetty Images

    Forjado en el fuego

    Argentina entró en la historia de la Copa del Mundo como uno de los equipos más temperamentales y viscerales. Ya en 1930, la Albiceleste demostró su carácter combativo; no era solo fútbol, era orgullo. Pero no fue hasta 1978, y especialmente en 1986, cuando Argentina encendió la llama sagrada de sus hazañas mundiales. Allí nació el mito contemporáneo: el país que produce genios y guerreros, que convierte el fútbol en identidad colectiva.

    Pero después de Diego Maradona llegaron las heridas: Italia 1990 y la agonizante final contra Alemania; el abrupto final del sueño en Estados Unidos en 1994; Francia 1998 y la cruel eliminación contra Holanda; Corea-Japón 2002 y el golpe más inesperado en la fase de grupos; Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, siempre con el techo en cuartos de final.

    Y así, mientras el mundo admiraba el talento argentino, también se daba cuenta de una constante: el drama. Argentina jugaba con el corazón, sí, pero ese corazón se rompía con tanta frecuencia cuando más soñaba.

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  • FBL-WC-2014-MATCH64-GER-ARGAFP

    Perdieron la final por un colapso interno.

    El ciclo 2014-2016 fue el capítulo más doloroso y, al mismo tiempo, el más trascendental de esta historia. Tres finales consecutivas —Mundial 2014, Copa América 2015 y Copa América 2016— pero tres derrotas. Tres veces la selección argentina estuvo cerca de tocar el cielo y terminó abrazando el abismo. Esa imagen de Lionel Messi, solo, de espaldas, mirando el Maracaná, sigue formando parte del ADN colectivo argentino.

    Fue en ese momento cuando el país se enfrentó a su peor fantasma: las críticas internas. La selección fue acusada de carecer de garra, de no saber ganar, de quedarse en la puerta. Para muchos, los jugadores eran «millonarios sin pelotas». Ninguna otra selección del mundo despierta tanta emoción como la argentina, y en aquellos años la pasión se convirtió en presión. No era solo fútbol, era identidad, orgullo herido, generaciones enteras preguntándose si el destino estaba maldito.

    Sin embargo, fue precisamente allí donde nació el carácter que estallaría años más tarde en Catar. El equipo no se rompió, se endureció. El dolor, lejos de fracturar al equipo, lo unió.

  • FBL-WC-2022-MATCH64-ARG-FRAAFP

    Del miedo al destino

    Qatar 2022 comenzó con un terremoto: la derrota ante Arabia Saudí. Pero, a diferencia de otros ciclos, Argentina no se derrumbó. Algo era diferente. Detrás de ese equipo había un grupo, una convicción, una promesa íntima: «Esta vez no moriremos en la orilla».

    Esa frase, nunca dicha públicamente, flotaba sobre cada entrenamiento, cada viaje, cada charla del equipo. Era la urgencia del último baile, el último intento de Messi por conquistar el único título que aún le perseguía.

    En Catar, la pasión dejó de ser una herida y se convirtió en una fuerza. Ya no era un peso paralizante, sino un motor imparable. Los partidos contra México y Polonia marcaron el renacimiento. La épica batalla contra Holanda, llena de controversia, tensión y orgullo desbordante, mostró a un equipo que no temía al drama, sino que estaba dispuesto a atravesarlo. La posterior semifinal contra Croacia fue una sinfonía de liberación.

    La final contra Francia, con su guion de locura, sus pausas que te dejaban sin aliento y su gloria suprema, no solo coronó a los campeones del mundo, sino que selló una transformación histórica. Argentina dejó de ser el país que casi lo consigue, el de las lágrimas y los «y si...», para convertirse en lo que siempre soñó ser: el campeón. El que termina la historia. El que grita. El que devuelve la pasión a su forma más pura: la felicidad.

  • Argentina Fans 2022Getty Images

    Persecución al profeta

    Durante años, Messi fue un héroe incompleto. Admirado, pero incomprendido. Le pedían que fuera Maradona cuando él era Messi. Le pedían furia cuando él ofrecía silencio. Pero en Catar ocurrió algo extraordinario: la selección nacional ya no jugaba para Messi, jugaba con Messi. Ya no buscaban que fuera el salvador, sino el abanderado.

    En Catar, Messi dejó de ser un genio y se convirtió en un líder espiritual. Su arrebato contra Holanda en dirección a Wout Weghorst —«¿Qué mirás, idiota? ¡Andá para allá!»— fue más simbólico que cualquier regate. Por primera vez, el mundo vio al Messi que conocía Argentina, y todo el equipo se alineó bajo ese fuego.

    El título no solo lo consagró como campeón del mundo, sino que lo transformó en algo aún más grande: el heredero del legado argentino. Maradona levantó la Copa del Mundo en México 1986, Messi la levantó en Catar 2022. Caminos diferentes, misma eternidad.

  • Argentina Fans CelebratesGetty Images

    Conquistando a los fans

    Ninguna selección nacional se moviliza como Argentina. No es una afición, es una peregrinación. En Catar, los estadios se tiñeron de azul cielo y blanco, como si el torneo se disputara en Buenos Aires. Las calles, el metro, los mercados... todo se convirtió en un escenario para cánticos interminables. Las canciones argentinas dominaron el Mundial. «Muchachos» no era solo un cántico, era un himno mundial.

    Allí quedó patente el mayor legado de Argentina: su gente. Siempre se ha dicho que Argentina tiene aficionados; en Catar se demostró que Argentina es afición. Para los argentinos, el fútbol no es un espectáculo, es identidad.

  • Messi Argentina 2025Getty Images

    Eterno contendiente

    Hoy, Argentina no llega a un Mundial como un equipo con esperanzas, sino como el equipo a batir. El título en Catar no cerró una historia, sino que abrió otra. Ya no hay fantasmas internos. El recuerdo de lo que se perdió ya no pesa. La selección llega a Estados Unidos con un mensaje claro: «Venimos a defender lo que ya es nuestro».

    El mundo, que antes dudaba de ellos, ahora teme a la Albiceleste porque sabe que este equipo, formado en el dolor y consagrado en la gloria, ya no juega para redimirse. Juega porque sabe ganar.

  • FBL-MLS-USA-MIAMI-NEW YORKAFP

    El hogar adoptivo de Messi

    La próxima Copa del Mundo se celebrará en Estados Unidos, y eso tiene un profundo simbolismo. Messi ya no es solo el capitán de Argentina, es un icono mundial que vive y juega en suelo estadounidense. El Inter de Miami se ha convertido, casi sin quererlo, en una embajada emocional de Argentina.

    Los campos donde juega Messi están llenos de banderas celestes y blancas, camisetas con el número 10 y niños que gritan su nombre en español. Y eso no es solo por el fútbol, es la prolongación de un legado que Argentina ha construido durante casi un siglo a base de sudor, lágrimas y un amor incondicional por el balón.

  • Argentina v France: Final - FIFA World Cup Qatar 2022Getty Images Sport

    Vibrando en el desierto

    Porque si hay algo que define a la selección argentina en los Mundiales, más allá de los títulos, es la pasión. Una pasión que no es negociable, que no entiende de distancias ni de resultados, que se hereda de padres a hijos y se multiplica en todos los rincones del planeta. Esa pasión fue la que llevó a miles de argentinos a Catar, a hipotecar sus ahorros, a cruzar desiertos y a cantar hasta quedarse sin voz. Fue la que hizo que todo un país dijera, tras la derrota contra Arabia Saudí: «Vamos a ganar de todos modos», y así fue.

    Catar 2022 no fue solo un campeonato, fue una catarsis colectiva, una reparación histórica. Argentina llegó herida, con las cicatrices abiertas de tantas finales perdidas. Pero esta vez, la pasión se convirtió en convicción, y la convicción en gloria. Lionel Scaloni, con su humildad y tranquilidad, canalizó esa energía. Messi, en su madurez, dejó de cargar con el peso del «Mesías» y se convirtió en lo que siempre había sido: un argentino más, que siente, sufre y ama el fútbol como cualquiera en las gradas.

    A partir de ese Mundial, algo cambió para siempre. El mundo comprendió que los aficionados argentinos no son solo color, ruido o folclore, sino una forma de vida. En todos los estadios de Catar, los cánticos no cesaron. Mientras otros equipos se quedaban en silencio, los argentinos convirtieron cada partido en una celebración nacional. Esa imagen, miles de camisetas celestes y blancas vibrando en el desierto, permanece grabada como símbolo del alma futbolística del planeta.

  • Argentina v Venezuela - FIFA World Cup 2026 QualifierGetty Images Sport

    'Vamos Argentina, carajo'

    Y ahora, en 2026, esa llama se traslada a Estados Unidos, un país que durante décadas consideró el fútbol como un deporte extranjero, pero que ahora respira el aroma del mate y el «vamos, vamos Argentina» gracias a Messi. Que la próxima Copa del Mundo se juegue «en casa» para él no es una coincidencia: es el cierre perfecto del círculo. El niño que soñaba con la Copa del Mundo en Rosario y la levantó en Lusail ahora defenderá el título en el país que ha adoptado como su hogar.

    En cada ciudad donde juegue la selección nacional, habrá un pedazo de Argentina. En Miami, donde Messi ha sembrado amor; en Nueva York, donde las comunidades argentinas ya sueñan con pintar Times Square de azul y blanco; en Los Ángeles, donde los latinos veneran a Messi como un dios contemporáneo. No habrá estadio sin cánticos argentinos, sin banderas que digan «La Scaloneta no se rinde».

    La pasión volverá a cruzar fronteras, pero ahora con la certeza de saberse campeones del mundo. Y no solo por Messi, sino por lo que Argentina representa en la historia de la Copa del Mundo. Desde la garra de Mario Kempes en el 78 hasta la magia inmortal de Maradona en el 86; desde las lágrimas de 2014 hasta la redención de 2022. Cada generación dejó su huella y todas se unieron en el mismo grito: «Vamos Argentina, carajo». Esa frase resume un siglo de fútbol, de derrotas y gloria, de identidad.

  • TOPSHOT-FBL-WC-2022-MATCH64-ARG-FRA-TROPHYAFP

    Todo es posible.

    Qatar marcó un antes y un después porque devolvió la esperanza. Argentina pasó de ser el equipo que «casi» ganaba a ser el que se atrevía a hacerlo todo. Y esa transformación nació de la pasión popular. No de una táctica, ni de una estrategia, sino del fuego interior que arde en cada argentino cuando suena el himno. La selección no ganó solo con talento, ganó con alma.

    Ese mismo alma viajará a Estados Unidos en 2026. Será el Mundial de los niños de Catar, los que crecieron viendo a Messi besar el trofeo, los que creen que todo es posible si se juega con el corazón. También será el Mundial que confirme el legado argentino; un legado de fútbol, pero sobre todo, de emoción. Porque Argentina enseña al mundo que el fútbol no se puede explicar, hay que sentirlo.

    Y cuando Messi vuelva a ponerse la camiseta celeste y blanca en suelo estadounidense, no será solo un jugador que defiende un título, será el símbolo de una nación que convirtió la pasión en arte. La gente lo seguirá, desde Buenos Aires hasta Los Ángeles, desde Córdoba hasta Nueva York. No habrá distancia que pueda detener eso.

  • Brazil v Argentina - FIFA World Cup 2026 QualifierGetty Images Sport

    No se mide en trofeos.

    La Copa del Mundo de 2026 será el escenario en el que Argentina volverá a mostrar su esencia. Puede ganar o perder, pero lo que nunca se apagará es esa llama que la distingue, su amor incondicional por la camiseta. Lo que comenzó en Catar seguirá latiendo, con Messi como emblema y millones de voces recordando al mundo que, mientras exista la pasión, Argentina siempre estará presente.

    Porque si hay algo que el fútbol aprendió de Argentina es que los títulos se desvanecen, pero la pasión permanece. Y esa pasión —los abrazos desconocidos, las lágrimas compartidas, los gritos que viajan más allá del mar— es el verdadero legado albiceleste en las Copas Mundiales. Un legado que no se mide en trofeos, sino en corazones.

    Y cuando, en 2026, el himno vuelva a sonar entre banderas, lágrimas y sonrisas, el mundo entero comprenderá que Argentina no solo defiende un título: defiende una forma de vida. Y que mientras exista esta pasión, nunca dejará de ser campeona.

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