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Mario BaslerGetty Images

La insólita noche previa a una final de Champions League de una leyenda del Bayern Múnich

Teddy Sheringham. Ole Gunnar Solskjær. ¡Fútbol, qué cruel! La final de la Champions League de 1999 es uno de los episodios más dramáticos en la historia del FC Bayern. El conjunto bávaro dominó durante gran parte del partido, hasta que el Manchester United le arrebató en los últimos instantes una Orejona que ya sentía en sus manos. Al menos uno de los jugadores del Bayern asegura haber sido campeón de todos modos: Mario Basler, o al menos eso sostiene él mismo. “En realidad, soy campeón de la Champions League”, suele decirlo aún hoy.

  • Champs League SF Leg 2 Mario BaslerGetty Images Sport

    La final de 1999 resumió como ninguna otra la esencia rebelde de Mario Basler

    Basler adelantó temprano al FC Bayern con un tiro libre directo y, con el marcador 1-0, fue sustituido en el minuto 89. El drama del tiempo añadido lo vivió desde el banquillo, convencido de ser —al menos en lo personal— campeón de la Liga de Campeones. Y, por supuesto, no estaba dispuesto a permitir que ese pequeño detalle arruinara su celebración.

    Lo que ocurrió tras la histórica derrota quedó grabado en la memoria del vestuario. Su compañero Alexander Zickler la describió tiempo después como “la mejor fiesta que viví en mi etapa en el FC Bayern”, incluso por encima de la que siguió al título de 2001. ¿El responsable del cambio de ánimo? “Mario Basler siempre encuentra la manera de que algo así funcione”, contó Zickler en una entrevista con SPOX.

    El propio Basler, experto en celebraciones, lo confirmó sin rodeos: “La fiesta fue sensacional, lo pasamos increíble. Se bebió, se rió y se bailó tanto que la pista de baile ardía… o mejor dicho, el mantel, porque también bailamos sobre las mesas. No nos fuimos a dormir hasta bien entrada la madrugada”.

    Para Basler, la noche posterior a la final fue muy similar a la anterior. “Me quedé en el bar hasta las tres y media, cuando todos los demás ya dormían”, relató. Tanto el entrenador Ottmar Hitzfeld como el manager Uli Hoeneß le pidieron varias veces que se fuera a la cama. “Y yo les dije: no, todavía tengo que beber unas cervezas”. Cuando llegó a la décima, le advirtieron: “Entonces no podrás jugar mañana”. A lo que Basler, según cuenta, respondió: “Entonces no podremos ganar mañana”. Al final fue titular… y se proclamó campeón de su propia Liga de Campeones.

    Alcohol, fiestas desbordadas, frases provocadoras, choques con la autoridad y una calidad futbolística incuestionable, pero siempre al borde de la gloria: la final de la Champions de 1999 condensó todo lo que representó el rebelde Mario Basler.

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  • Mario Basler - Kaiserslautern, Werder Bremen, Bayern Münchengetty

    Mario Basler fue uno de los rostros del FC Hollywood

    Mario Basler nació en 1968 en Neustadt an der Weinstraße. El nombre de su ciudad natal parecía anticipar una de sus grandes pasiones, aunque el vino siempre compitió con la cerveza, los licores y, por supuesto, los cigarrillos. Reiner Geye, dirigente de su club juvenil y confeso hincha del Kaiserslautern, ya entonces le atribuía un “estilo de vida poco disciplinado”.

    Con apenas 20 años, Basler dio el salto al Rot-Weiss Essen y más tarde al Hertha BSC. Su talento nunca estuvo en duda. “De la cabeza para abajo, de clase mundial”, dijo sobre él el entonces entrenador del Hertha, Bernd Stange. “De la cabeza para arriba, nivel regional”. El verdadero estrellato llegó a mediados de los noventa con el Werder Bremen: campeón de Copa en 1994, máximo goleador en 1995 —impulsado incluso por tres goles olímpicos— y figura indiscutida del equipo. En 1996, el paso lógico fue su llegada al club más poderoso del país: el FC Bayern.

    Basler permaneció algo más de tres años en Múnich. Ganó dos Bundesligas y una Copa DFB, pero, sobre todo, se convirtió en uno de los rostros del mítico FC Hollywood: una constelación de talentos brillantes y egos difíciles de conciliar, junto a nombres como Lothar Matthäus, Mehmet Scholl, Stefan Effenberg u Oliver Kahn.

    Así como encadenaba goles espectaculares en el campo, fuera de él acumulaba episodios polémicos. Una noche en una discoteca estando de baja médica, otra una pelea. Uli Hoeneß llegó incluso a contratar detectives para vigilarlo y lo multó en repetidas ocasiones. Pero “Super Mario” no se detenía: vivía a su manera y no aceptaba órdenes de nadie.

    Pocos meses después del drama —o del triunfo personal, según se mire— en la final de la Liga de Campeones, el FC Bayern terminó por perder la paciencia. Durante la rehabilitación de una lesión, Basler se vio involucrado junto al portero suplente Sven Scheuer en una pelea nocturna en una pizzería de Ratisbona. El club decidió suspenderlo y el jugador regresó a Kaiserslautern. “Podría haber llegado a ser una leyenda aquí”, admitiría Hoeneß años después, con cierta nostalgia.

  • Mario Basler Imago Images

    Mario Basler con la DFB: "cerveza, vodka-limón, gin tonic y algunos Marlboros"

    Con apenas 30 años, aquello fue, en cierto modo, una despedida anticipada del gran fútbol. Basler ya había disputado su último partido internacional un año antes y, al igual que le ocurrió con el FC Bayern, también en la selección alemana dejó pasar la oportunidad de coronar su carrera.

    En el Mundial de 1994, Basler jugó apenas 30 minutos ante Bolivia en el partido inaugural y luego permaneció en el banquillo hasta la eliminación en cuartos de final frente a Bulgaria. De cara a la Eurocopa de 1996 era considerado una pieza fija del equipo, hasta que una entrada de su propio compañero Christian Ziege le provocó una lesión de tobillo durante un entrenamiento. Antes incluso del partido inaugural, Basler abandonó Inglaterra; sus compañeros acabarían levantando el trofeo. Pese a las decepciones personales, siempre recordó ambos torneos —al igual que la final de la Champions League de 1999— con cariño.

    “Éramos un grupo muy unido y teníamos a Berti Vogts como entrenador, alguien que sabía encontrar el equilibrio perfecto entre tensión y relajación”, contó Basler años después. “Salíamos a restaurantes, bares y discotecas cerca de los hoteles de concentración. No queríamos que apareciera el aburrimiento”. En esas noches, relató, caían algunas cervezas, vodka con limón o gin-tonics, se fumaban un par de Marlboros y se hablaba de las cosas buenas de la vida. Eso sí, matizaba: “Claro que a veces estábamos algo bebidos, pero nunca como los jugadores de la selección inglesa. Ellos arrasaban con la cerveza como si al día siguiente no fuera a quedar nada. Era increíble ver lo que consumían. Comparados con ellos, éramos unos santos”.

    Camino al título de la Eurocopa 1996, los compañeros de Basler se encargaron de eliminar a Inglaterra, al menos dentro del campo. El equipo liderado por el legendario Paul Gascoigne ya había provocado un escándalo antes del torneo: durante una gira alcohólica por Hong Kong, varios jugadores se dejaron atar a una silla de dentista en un bar mientras les vertían licor directamente en la garganta. La indignación pública fue enorme, y la respuesta no tardó en llegar. Gascoigne celebró su gol ante Escocia con el ya famoso festejo de la silla de dentista. Otros tiempos. Basler, probablemente, los llamaría los buenos viejos tiempos.

  • 'Promi Big Brother 2016' - FinalsGetty Images Entertainment

    Mario Basler trabaja hoy como experto de televisión y comediante

    En 2004, Mario Basler puso fin a su carrera profesional. Lo hizo, irónicamente, en el árido Catar. Desde entonces ha ocupado distintos cargos como entrenador y directivo en clubes de categorías inferiores, aunque ha seguido muy presente en la escena pública, sobre todo por la contundencia de sus opiniones.

    Basler trabaja como comentarista televisivo y, además, recorre Alemania con un espectáculo de comedia. Basler ballert es el nombre del show y, al mismo tiempo, su declaración de principios. El mensaje suele ser siempre el mismo: ya no quedan tipos auténticos y antes todo era mejor. El menú se completa con anécdotas de aquel pasado que él mismo ayudó a construir.

    En tiempos recientes, Basler volvió a los titulares por su crítica constante —y cada vez más exagerada— hacia la joven promesa del Bayern, Lennart Karl. Si tuviera que compartir vestuario con los futbolistas actuales, “se volvería loco”, dijo el exjugador, hoy con 56 años. “Se pasan una hora frente al espejo, se ponen gel en el pelo, cintas en la cabeza. Luego llegan al entrenamiento con el brazo vendado porque se hicieron un tatuaje y no pueden entrenar durante dos días”.

    Basler, en cambio, bebía, fumaba y aun así era capaz de jugar una final de la Champions League. La pregunta inevitable queda en el aire: ¿hasta dónde habría llegado si hubiera vivido de otra manera?

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