Xabi Alonso fue despedido el lunes por la tarde, una decisión que dijo tanto del Real Madrid como del propio entrenador. El técnico que el club había cortejado durante años nunca terminó de encajar, no por falta de ideas, sino porque al Madrid le costó acomodarse a ellas. Alonso llegó con una visión futbolística clara y se marchó convertido en el chivo expiatorio de un equipo que aún no sabe cómo —o incluso si— quiere ser dirigido.
Este es el gran dilema del Real Madrid: su adhesión histórica al galacticismo. Los jugadores siempre han sido —y probablemente seguirán siendo— más grandes que el club. El plantel actual no es la excepción. Kylian Mbappé y Vinicius Jr., en particular, son futbolistas extraordinarios, capaces de decidir partidos por sí solos. Sin embargo, no encajan fácilmente en sistemas colectivos y, ciertamente, no parecen dispuestos a adaptarse a las exigencias de cualquier entrenador. Alonso puede ser un técnico brillante, pero todavía no un gran gestor de egos.
Por eso fue apartado. En su lugar, el Madrid promovió al director de la academia, Álvaro Arbeloa, otro exjugador que “conoce” el club. Tal vez pueda extraer mayor consistencia de un grupo tan talentoso como problemático. Solo el tiempo lo dirá. Pero las preguntas permanecen: ¿fue justo con Alonso? ¿Era realmente necesario despedirlo? ¿Y puede alguien, en realidad, entrenar a este equipo?
Los escritores de GOAL analizan el estado del Real Madrid en una nueva edición de El Rondo.








