OPINIÓN
La selección española empieza a ilusionar. No por despellejar a Liechtenstein, obviamente. Tampoco exclusivamente por bailarle un chotis a Italia sólo un año después del baño de Saint-Denis. La Roja empieza a ilusionar sobre todo porque se empiezan a vislumbrar algunos detalles de los que aportan el brillo necesario para un equipo sólido pero plano. Un equipo bueno pero no excepcional. Julen Lopetegui había introducido la necesaria regeneración con algunos retoques aquí y allá, con un trabajo que se echaba en falta y versatilidad táctica en los sistemas. Incluso había insuflado hambre en la caseta, pero aún le faltaba algo (o alguien) que haga que esto luzca, como diría Will Smith. Y en ésas han aparecido Isco y Asensio, llevando consigo a Las Rozas todo el duende con el que ya vienen regando el Santiago Bernabéu desde hace algún tiempo.
Todas las noticias del Real MadridAmbos jugadores son posiblemente dos de los que están en mejor estado de gracia de todo el continente. Desde hace tiempo están así, y lo sabe bien la diosa Cibeles. Cual Midas (el rey, que no el taller), cada acción que pasa por sus botas, se convierte en oro inmediatamente. Y era justo lo que necesitaba el combinado español, que en su proceso de regeneración sigue inmerso en su búsqueda de un ariete infalible mientras mantiene su abnegada intención de sobar la pelota, aunque ya no tenga ni los medios que tenía en 2012, ni tampoco los finalizadores. Ahora con Isco-Asensio tienen esa chispa necesaria para aportar profundidad, vértigo e imprevisibilidad a sus ataques. Ahora sí. Ni Silva, ni Koke, ni estos Iniesta y Busquets hacían esa labor mágica reservada a los mejor dotados, pero con la inclusión de la dupla madridista, todo luce de otra manera.
Getty ImagesHay que agradecerle al seleccionador que se haya dado cuenta de tomar a tiempo esta rampa de lanzamiento de cara al Mundial. Lo de la explosión de Isco y Asensio ya casi que habría que agradecérselo a ellos mismos –primero y fundamental-, y luego al Real Madrid. O más concretamente, a Zidane. Porque Isco apenas jugó 130 minutos con Lopetegui en la selección en todo el año pasado, como para decir que el seleccionador fue el principal artífice de la reaparición del malagueño. Y Asensio era (fundamentalmente) miembro de España Sub-21. Mientras tanto, eso sí, ambos guiaban al Real Madrid a un doblete histórico de la mano de Zidane.
Todas las noticias del BarcelonaFue el técnico galo el que reguló el termostato de Asensio para que su integración quedara al punto. Y fue el técnico galo el que por fin ubicó también a Isco en su posición natural, la de mediapunta. Sin Gareth Bale, el clásico 4-3-3 adoptado para la BBC se convirtió en un 4-3-1-2 donde poder dar cabida a mediapuntas en el verdadero puesto de ‘10’, cerca del área contraria donde los pases realmente son ‘de la muerte’. Desde ahí fue desde donde Isco empezó a sacar todo el fútbol que llevaba dentro. Antes, el todavía admirado Carlo Ancelotti, le quería convertir en el nuevo Clarence Seedorf, y esa idea se convirtió en tendencia. Pero está visto que esa no era la ola perfecta. Zidane se dio cuenta a tiempo, antes de que nadie tirase la toalla. Afortunadamente para el fútbol, para el Real Madrid, y ahora también, para la selección española.
