Desconocido para quien esto escribe hasta el primer partido de grupo ante el Inter – no todos los periodistas podemos ser Áxel Torres o Álex de Llano, disculpen las molestias-, después del choque del Camp Nou, uno imagina un futuro dorado para Jindřich Trpišovský. Este entrenador checo, de nombre impronunciable, ha armado un equipo de autor fantástico, el Slavia de Praga que, esta noche ha logrado que, tras año y medio, el Barça se fuera al vestuario sin marcar gol en el Camp Nou. Fácil de decir, difícil de hacer. En su día, el amigo Áxel escribió que Trpišovský es un tipo de personalidad arrolladora y método revolucionario. Un muestrario táctico del fútbol de Europa del Este y además, de propina, un referente moral para todos aquellos clubes modestos y todos aquellos aficionados que reniegan de la megamillonaria y exclusionista Superliga.
Hace unos días, charlando con Álvaro Benito – ex jugador, entrenador, excelente comentarista y además, amigo- , debatíamos intensamente sobre los métodos de trabajo de los entrenadores, sobre su conceptos, sus méritos y sus ideas. Ambos llegamos a la conclusión de que quizá sería bueno para la industria del fútbol que los clubes comenzasen a ser algo más aperturistas a la hora de contratar entrenadores. Que se estudien y valoren el perfil de una nueva ola de técnicos que, aunque no tengan vínculos con el típico agente de cabecera del club o encajen en la economía habitual de mercado, ofrezcan nuevos conceptos, ideas y métodos de trabajo. Jindřich Trpišovský es un ejemplo. Si después de la exhibición coral de su Slavia en el Camp Nou ante Messi, Griezmann y compañía, ningún equipo de elite se anima a poder contactar con un entrenador de su nivel, será que la industria del fútbol está enferma.
Su Slavia, un equipo camaleónico, atrevido y con aventura, demostró ser un prodigio colectivo. Once atacan, once defienden. En lo físico, generosidad extrema. En lo táctico, flexibilidad digna de admiración. Los Olayinka, Stanciu, Soucek, Boril y compañía forman un equipo fascinante. No ganaron porque les falta talento arriba, pero empataron porque les sobra solidaridad en cada rincón del campo. Suficiente para salir del Camp Nou, un escenario majestuoso, de pie. Y Trpišovský, desconocido hasta hace meses por quien esto escribe, es una bendición para el fútbol. Un entrenador al que convendría seguir, estudiar y conceder una oportunidad en la elite. No lleva corbata, no viste trajes caros y es posible que no de avalanchas de titulares en cada conferencia de prensa, pero el tipo ha construido, de la nada, un equipo extraordinario. El curso pasado, ante la exuberancia del romántico Ajax, pedimos más Ajax y menos Superligas. Esta noche es ideal para no bajarnos de ese carro. Más Slavias y menos Superligas. No parece mal negocio poner un Trpišovský en nuestra vida. Y en nuestro fútbol.
Rubén Uría

