Hugo Borst ha dicho en su columna para Het Algemeen Dagblad que el domingo «por una vez no le irritó Wout Weghorst».
Weghorst se convirtió el domingo por la tarde en el protagonista del fin de semana. El delantero del FC Twente marcó nada menos que cuatro goles en la victoria por 0-9 de su equipo ante el Excelsior.
Dos de ellos fueron especialmente bonitos, pero sobre todo el segundo fue para enmarcar. El internacional neerlandés recogió el balón cerca de la línea de medio campo, lo cedió de tacón, volvió a recibirlo más arriba, dio otro pase de tacón, combinó después con Sondre Orjasaeter y remató con la izquierda al palo largo.
«Debo confesar que he vuelto a ver el gol, la sublime culminación de un rápido contraataque, 23 veces», comienza Borst. «Como crítico de Wout, esperas haberlo visto mal. Porque hay cosas que sencillamente no pueden ser verdad».
«El gol fue un milagro. No de Dios, por supuesto (ya que no existe), aunque solo faltaba que Wout diera las gracias a su Creador», prosigue el periodista.
Borst sí disfrutó del gol de Weghorst. «Dios mío, qué golazo. Enseguida tenía en la cara esa alegría tan propia de la EO y esta vez no me molestó. Todas sus extravagancias, incluido aquel episodio con Lionel Messi como punto más bajo, no me vinieron a la cabeza en ese momento».
«Quizá todas aquellas locuras nunca habían ocurrido. O habían quedado borradas. De repente, Wout me pareció muy divertido y agradable», concluyó en su columna.





