El fútbol rara vez sigue una trayectoria lineal. A veces, pequeñas mejoras se traducen en títulos, y otras veces, avances evidentes conducen a peores resultados.
Las dos últimas temporadas del Liverpool lo muestran.
Tras la marcha de Jürgen Klopp, una figura que definió una era, el club apostó por Arne Slot. No fue un fichaje obvio: fuera del círculo de quienes siguen la Eredivisie o las competiciones europeas menores, su nombre era casi desconocido. Las expectativas eran cautelosas, más aún con un mercado de verano limitado que solo trajo a Federico Chiesa en un fichaje de bajo coste, y ni siquiera él brilló.
Lo que siguió fue inesperado.
Slot reestructuró el equipo: un doble pivote revalorizó a Ryan Gravenberch, mientras Alexis Mac Allister y Dominik Szoboszlai aportaron equilibrio. Se redujo el caos de los últimos meses de Klopp y el Liverpool, más estable y mesurado, ganó la Premier League.
Algunos lo atribuyeron a factores externos, como el bajón del Manchester City o las lesiones del Arsenal; sin embargo, las mejoras internas en la gestión de la carga de trabajo y el control del juego hicieron merecido el éxito.
Luego llegó el cambio.
El Liverpool ha invertido fuerte: llegaron Florian Wirtz, Alexander Isak, Hugo Ekitiké y Milos Kerkez. Todos, atacantes de primer nivel, aunque no siempre complementarios. Al mismo tiempo, perdieron piezas clave: Trent Alexander-Arnold, un creador que definía el sistema, y las salidas de Darwin Núñez y Luis Díaz, dos perfiles que aportaban verticalidad, caos y peligro directo. El resultado no fue solo un cambio de personal, sino un cambio estructural en la forma en que el Liverpool ataca y ocupa el espacio.
El equipo no solo evolucionó, sino que se transformó.
Con ella llegó una inestabilidad distinta.
Para entender el cambio hay que ir más allá de los resultados y fijarse en los fundamentos: las ocasiones que crea y las que concede.
El Liverpool frente a la nueva Premier League
Antes de examinar la creación y concesión de ocasiones del Liverpool, hay un factor contextual esencial.
La Premier League ha evolucionado rápido hacia un estilo más directo, individual y centrado en el balón parado. Aunque ya se veía venir, la velocidad y magnitud del cambio esta temporada son notables: más duelos, balones divididos y verticalidad, menos control sostenido.
Liverpool ha tenido dificultades para adaptarse a este entorno.
Su perfil no parece adecuado para estas exigencias. Les falta dominio físico en los momentos clave, no destacan en las jugadas a balón parado y su presión se ve superada por el juego directo. Los rivales no se enfrentan a la estructura del Liverpool, la sortean.
Este patrón se notó sobre todo en la mala racha de octubre y noviembre: solo vencieron al Aston Villa, equipo que prefiere construir por bajo; el resto les jugó directo y les arrebató el control.
No es excusa: club y cuerpo técnico podrían haber anticipado esta tendencia y adaptarse. Otros equipos también sufren el cambio ligero, y la experiencia de Arne Slot en un fútbol más posicional puede explicar su lenta adaptación.
Con este contexto, analicemos el rendimiento sobre el campo.
¿Cómo rindió realmente el Liverpool, tanto en ataque como en defensa?
En ataque
Esta temporada el Liverpool ha carecido de chispa, ritmo en el último tercio e instinto letal constante. Hugo Ekitiké ha sido el único delantero que ha cumplido las expectativas, pese a no ser el fichaje estrella. Gran parte de la atención se centró en Florian Wirtz y Alexander Isak, pero ninguno ha cuajado: uno ha tenido dificultades para expresarse en sus zonas sin romper la estructura del equipo, y el otro ha sufrido lesiones en una delantera ya inestable.
Como grupo, los delanteros del Liverpool aún no se han adaptado por completo a las nuevas exigencias físicas, defensivas y posicionales de la liga.
Por ello, examinamos ahora su generación de ocasiones.
Dream DataballMapa de tiros a puerta sin penaltis del Liverpool en la temporada 2025-26 de la Premier League:
Se observan varios patrones.
Genera muchos disparos, pero las ocasiones de verdadera calidad son escasas y no se concentran en las zonas más peligrosas.
Se nota una clara dependencia de centros y jugadas a balón parado, tendencia habitual en la liga, y varios intentos lejanos que bajan la eficiencia.
El ataque es funcional y mantiene a Liverpool en puestos altos, pero falla en la puntería dentro del área. El problema no es la finalización, sino la escasez y falta de regularidad de las ocasiones de verdadera calidad.
En defensa
Aquí se evidencian los principales problemas del Liverpool.
Dream DataballMapa de los tiros a puerta sin penalti del Liverpool en la temporada 2025-26 de la Premier League
Preocupan tanto la cantidad como la calidad: reciben muchos tiros desde zonas cercanas y centrales, lo que eleva el xG encajado por intento.
Un problema clave es la defensa en transiciones: cerca del 40 % de las ocasiones encajadas surgen tras perder la posesión, exponiendo al equipo. Generan muchas menos ocasiones en sus propias transiciones, lo que evidencia un desequilibrio.
Además, se repiten los mismos errores: centros desde las bandas y jugadas a balón parado, sobre todo los córners desde la derecha. Estos problemas se ven en cada partido, donde el juego directo y los balones divididos desorganizan una y otra vez la estructura del Liverpool.
Además, han recibido más goles de los esperados según su xG, lo que, más allá de la variabilidad o la irregularidad de la portería —incluida la adaptación de Giorgi Mamardashvili—, señala problemas defensivos estructurales.
En conjunto, sus mayores problemas esta temporada aparecen sin balón: debilidades estructurales, vulnerabilidad en las transiciones y adaptación insuficiente al estilo actual de la liga facilitan el juego de los rivales.

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