OPINIÓN
El Barcelona se ha metido en la tormenta perfecta y habrá que ver cómo sale. Los frentes se han ido acumulando como corrientes marinas, desatando un tsunami que amenaza con llevárselo todo por delante. A saber, a la plantilla le urge un buen meneo con la llegada de potenciales titulares, jóvenes y con ganas de comerse el mundo. El problema es el insostenible y poco amortizable dispendio en una serie de jugadores venidos a menos y sin cartel en el mercado. Con la cuenta de gastos al límite está por ver la capacidad de reacción del Barcelona en plena crisis del Covid-19.
Piqué: "Nadie es imprescindible"
El cuadro azulgrana formó ante el Bayern con una alineación histórica en cuanto a veteranía y se llevó una goleada igualmente histórica. La incorporación de Miralem Pjanic se intuye como cualquier cosa menos como algo conveniente en un equipo al que ya no le cabe ningún otro jugador de vuelta de todo. Hay que tomar decisiones valientes y el Barcelona no tiene ni entrenador, ni director técnico ni vicepresidente deportivo que pueda tomarlas. Sin dinero y sin capitanes, el comandante está solo en el puentey a Bartomeu se le conoce por tomar decisiones con poca visión.
La Masia: En el origen está la solución
La única alternativa pasa por regresar al origen, como siempre. Salvar lo poco que se pueda de la actual plantilla -Ter Stegen, Lenglet, De Jong y Griezmann, además de Messi, son jugadores de alto nivel, a pesar de todo- y darle poder -y paciencia- a los Ansu Fati, Riqui Puig, Araújo, Collado y compañía. Hasta el entrenador está en la casa pues nadie como Francesc Garcia Pimienta, el último técnico que queda en el club que trabajó a las órdenes de Johan Cruyff, para tutelar a esta generación y prepararle el camino a Xavi, que no llegará antes de un año.
Otros ya han empezado la renovación y llevan ventaja en cuanto a la captación de talento emergente en busca de abrir otro ciclo potencialmente glorioso. El Barcelona, en cambio, va tarde pero por suerte tiene su propio manual de instrucciones a la hora de reconstruirse. Sólo hace falta regresar al camino abierto por Vic Buckingham y recuperado por Laureano Ruiz, el que luego siguieron el propio Cruyff y Guardiola. Y, para eso, nada mejor que la Masia, mucho más en los tiempos austeros que vienen.

