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Maradona Sevilla Barcelona AthleticGetty Images

Debut y despedida de Maradona en San Mamés

Quienes pasamos de ser unos críos a comenzar a afeitarnos viendo jugar a Maradona, hemos tenido la ocasión de rememorar sus centenares de genialidades tanto en internet como en la tele en los últimos días. Hemos leído y escuchado elegías, panegíricos y también un puñado de piezas cargadas de cierta dureza, que de todo ha habido.

Lo cierto es que con Bilbao tuvo una relación ambivalente, aunque con el transcurso del tiempo el manto de la polémica terminara por ocultar la mutua admiración que la parroquia rojiblanca y el Pelusa se profesaron alguna vez. Aquel poderoso Barça de Schuster y Maradona a las órdenes de un Menotti que fumaba y fumaba desde la banda, era tan temido como reconocido por el respetable de San Mamés. Un magnetismo que no tardó en embarrarse por mil y una cuestiones futbolísticas, extradeportivas y también mediáticas.

El caso es que desde que José María Minguella fue por fin capaz de llevar a Maradona al Camp Nou, hasta que el astro argentino pudo enfrentarse al Athletic, hubieron de transcurrir siete meses. Para el partido liguero de la primera vuelta en Barcelona una entrada del realista Górriz había impedido que el Pibe se alineara ante los leones, que se llevaron la victoria por 0-1 con gol de Goikoetxea, curiosamente. Poco después le descubrieron una infección hepática y se vio apartado de los terrenos de juego hasta marzo. Para entonces, Núñez había pasaportado a Udo Lattek dando entrada al Flaco Menotti.

Y Maradona no debutó en San Mamés en partido de Liga, sino en uno copero. El choque de ida de los cuartos de final. La temporada anterior, Andoni Goikoetxea había mandado al dique seco a Schuster, que por razones familiares, en este encuentro de Copa no viajó a Bilbao. Antes de vestirse de corto en la Catedral, Maradona se mostraba deseoso de estrenarse en San Mamés y no dudaba en poner por las nubes a una de las estrellas locales: “el mejor jugador de España es Gordillo –por entonces en el Betis–, después está Sarabia y luego... Maradona”. Un comentario que gustó mucho en el Botxo y en el que, cómo no, Diego Armando hablaba de sí mismo en tercera persona, al estilo del romano Julio César.

Dari Maradona Hingga Yerry Mina: Pemain Amerika Selatan Di Barcelona Dalam 35 Tahun TerakhirGetty

El Barcelona puso la filigrana y el Athletic ese fútbol vertical que tan bien exprimía el rubio de Barakaldo. Al final, un penalti con paradiña de Dani batía a Urruti y con el tanto se cerraba el marcador de una noche de enormes expectativas. Maradona era un jovencito de tan solo 22 años pero no tenía ningún problema en llamar a determinadas cosas por su nombre y lo demostró al referirse al penalti que había señalado Franco Martínez: “el árbitro tuvo la valentía de pitarlo. ¿Que no lo es pitarlo a favor del equipo de casa? Sí, yo a eso también lo llamo valentía”.

Joven pero líder. Perdedor en el partido pero sin poner pero alguno al problema físico que sufrió en el primer tiempo cuando “me torcí el tobillo, pero no fue nada. Pude seguir tranquilo”. Varios pases de tacón y un exquisito zurdazo hicieron callar al público bilbaíno. San Mamés comprendió a base de pequeñas dosis de perfume bonaerense que efectivamente se trataba de alguien especial. Maradona pasó con nota la alternativa del templo rojiblanco, aunque no hubiera sido capaz de vacunar a Zubizarreta.

La vuelta copera la perdió el Athletic en el Camp Nou por 3-0, con el último tanto obra de Maradona. Después vendrían la terrible entrada de Goiko que mandaría a su casa al Pelusa por unos meses y la final de Copa del gol de Endika con la lamentable batalla campal que inició aquella noche el argentino. Dos momentos que se vivieron con enorme crudeza entre ambas aficiones, inflamadas en gran medida por una prensa que llevó al paroxismo un vietnam verbal para olvidar. Sobre todo desde la Ciudad Condal.

Tras la accidentada final, el Diego dijo basta y se lo llevaron a Nápoles.Fueron solo dos campañas a medias en Barcelona y un total de seis enfrentamientos ante el Athletic, con un balance de tres victorias, tres derrotas y cuatro tantos anotados. Tras partir a la ciudad partenopea, donde triunfó como pocos lo han hecho con una compañía tan justa de calidad, no volvería a Bilbao hasta ocho años después.

El destino quiso que con el regreso de Maradona a la Liga, su reestreno se produjera en San Mamés. El Sevilla de Cuervas tuvo la fortuna de disfrutarlo esa temporada y Bilbao fue la primera parada de ese tren de segunda oportunidad que se le procuró al genio. En el Botxo se le esperaba con ganas en ambos sentidos, como luego se comprobó en el campo. Antes del partido, en un céntrico hotel bilbaíno tuvo lugar un emotivo momento de reconciliación. Andoni Goikoetxea se acercó a tomarse un café con Maradona y este accedió. De alguna forma, se suturaba una herida que había estado abierta demasiado tiempo. 

El fenómeno argentino nunca perdió la inocencia del niño que habitaba en su interior y no tenía empacho en sincerarse públicamente. Una hora antes de que se iniciara el Athletic-Sevilla del 4 de octubre de 1992, Maradona pisaba junto a sus compañeros el césped de la Catedral: “San Mamés es precioso. Es divino, para mí uno de los mejores del mundo. De verdad”. Además, ya había advertido días antes de que “el fútbol es una calesita, y al final todos nos volvemos a encontrar. Pero no voy en busca de venganza”.

Jupp Heynckes había declarado en la previa que “viva Maradona pero lo vamos a frenar” y así fue. Tremendamente silbado por los asistentes al último baile del Pelusa en Bilbao, pudo regalar algunas acciones de su calidad a pesar de estar fondón y fuera de forma. Suyo fue el lanzamiento de la falta que precedió al único gol sevillista y de su autoría fue también la sutil asistencia a Conte que el árbitro anuló por fuera de juego. 

Maradona en el SevillaSocial media

El Athletic acabó remontando para imponerse por 2-1, pero para entonces el Pibe ya se había marchado al vestuario cojeando tras haber recibido una brutal entrada de Andoni Lakabeg, que había seguido a otra bastante virulenta de Josu Urrutia. Eran otros tiempos y ambos patadones se saldaron con sendas amarillas solamente. De camino a la caseta, los pitidos de San Mamés fueron capaces de ahogar los no pocos aplausos que también se produjeron. Quienes presenciamos el partido en vivo, sospechábamos que no volveríamos a ver a Maradona en Bilbao salvo milagro. 

El astro cuyo camino se había desviado mucho del fútbol durante demasiado tiempo, aún guardaba munición verbal para todo lo que le incomodaba y así se lo hizo saber a José María García tras su paso final por San Mamés: “Si a mí me dejaran entrar en la cancha con un revólver, yo entraría con un revólver en la cancha. Yo quiero defender a este chaval (Lakabeg), pero lo que no puedo entender, y mucho menos aceptar, es que un árbitro pueda permitir estas cosas, porque de lo contrario no estaríamos hablando de fútbol. Nunca he pensado en echarle la culpa a los jugadores, acá lo que hay es un problema de árbitros. No entiendo cómo diez años después, se pueden pegar las mismas patadas y no se le ponga remedio. No lo digo por mí, porque ya no se trata de defender a hombres ni a nombres, sino de defender al fútbol”.

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