Hay hazañas que deben contarse por lo que son y hazañas sobre las que hay que preguntarse qué revelan. La de la Lazio de Gattuso pertenece a ambas categorías, y por eso hoy conviene celebrarla y desconfiar de ella al mismo tiempo.
Hace pocos meses, este era un equipo de noveno puesto, con una plantilla cansada, un nuevo entrenador que venía del naufragio mundial de la selección italiana y un director deportivo que había sido blanco de sospechas durante todo el verano. El mercado de fichajes, por decirlo con un eufemismo, consistió en no fichar. El estreno de la temporada fue la eliminación en la Copa Italia, en casa, a manos de un Mantova de Serie B. Hoy, con un Olímpico vaciado por la protesta de la afición, la Lazio suma 25 puntos en nueve jornadas, ocho victorias y un empate, ninguna derrota y nadie por delante, a la espera del Inter. Para encontrar a alguien que lo haya hecho mejor a estas alturas del campeonato, en la era de los tres puntos, hay que remontarse a la Juventus de Capello de 2005/06y a la Roma de las diez victorias consecutivas de 2013/14: ambos equipos sumaron 27 puntos. Dos equipos construidos para ganar, no para resurgir. El dato no es una ofensa para la Lazio. Es una pregunta dirigida al campeonato.
Pero antes de plantearla, hay que reconocerle todo el mérito, que reside en una idea de fútbol clara y valiente. La Lazio de Gattuso presiona arriba y hombre a hombre desde el inicio de la salida de balón rival, y a esa ferocidad le suma una posesión paciente y meditada: algo de Gasperini sin balón, algo de Sarri en la gestión del juego. Sobre todo, el entrenador ha exigido a los suyos jugar siempre así, arriesgándose a recibir goleadas, sin agarrotarse cuando van por delante. El resultado se vio también ayer en Reggio Emilia: 6-2 ante el Sassuolo, con dos penaltis fallados de por medio. El antiguo mediocentro combativo, desde el banquillo, ha resultado ser un técnico plenamente moderno. Y eso, especialmente después de lo que dijo prácticamente todo el mundo tras Zenica, hay que reconocérselo con todos los honores.



