Mientras el fútbol marroquí continúa cosechando logros notables a nivel de selecciones nacionales, infraestructuras y presencia internacional, el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa, volvió a hacer sonar la voz de alarma sobre una realidad muy distinta dentro de la competición local, advirtiendo del agravamiento de las deudas, el aumento de los conflictos y la conversión de los partidos en un escenario de protestas.
Esta advertencia adquiere una importancia especial porque procede del máximo responsable que dirige el sistema futbolístico marroquí desde 2014, un periodo en el que se puso en marcha una serie de proyectos de reforma financiera y administrativa, en un momento en el que los datos financieros disponibles muestran que varios de los mayores clubes siguen enfrentándose a deudas y conflictos por valor de millones de dólares, lo que vuelve a plantear interrogantes sobre el grado de éxito de las reformas a la hora de abordar uno de los expedientes más complejos del profesionalismo.

