Es demasiado pronto para afirmar que el sueño ha terminado o que la nueva experiencia del Al Ittihad ha fracasado, pues el equipo solo ha disputado un partido en la liga y todavía tiene por delante decenas de encuentros para enderezar el rumbo. Además, las circunstancias que rodean el inicio de la temporada son distintas a las de su fase intermedia, y la plantilla podría cambiar antes del cierre del mercado de fichajes.
Pero, por otro lado, es difícil ignorar lo que dicen los primeros indicios. El Al Ittihad necesita convertir el póker ante el Al Jazira en un verdadero punto de partida y no en un simple momento pasajero, y demostrar que el empate ante el Al Khaleej fue consecuencia de unas circunstancias excepcionales, y no la continuación de un viejo patrón que se repite tras cada gran victoria.
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La afición no busca ahora un milagro, sino señales claras de que el equipo avanza en la dirección correcta: refuerzos de calidad, estabilidad técnica, capacidad para mantener el nivel y una personalidad más fuerte en los partidos que se supone que debe resolver.
El Al Ittihad no está ante un veredicto definitivo, pero sí, sin duda, ante una encrucijada temprana: o bien afronta el tropiezo ante el Al Khaleej como una advertencia que merece ser corregida y convierte el póker ante el Al Jazira en un auténtico punto de partida, o bien deja que la temporada transcurra de la misma manera que su afición está acostumbrada a ver, una victoria que eleva las esperanzas y luego un tropiezo que devuelve a todos al punto de partida.