Como si hubiese pronunciado un conjuro para invocarlo, las palabras de David Ospina sobre Lio Messi en la previa del partido entre Barcelona y Napoli resultaron proféticas.
"Sabemos que Messi puede cambiar el partido en cualquier momento", había atinado a decir el guardameta en la conferencia de prensa, sin saber que un día después el genio volvería a salir de la botella para cumplir su deseos: llegar a Lisboa.
Si bien no tuvo mayor responsabilidad en los goles culés, Ospina volvió a sufrir de la capacidad de Messi, especialmente en el segundo gol donde el '10' se las ingenió para romper la defensa, eludir rivales, pararse luego de una caída y cayéndose de nuevo, definir con precisión al palo derecho del antioqueño que por más esfuerzo realizado no pudo evitar la anotación. Ese golazo amplió la ventaja en el partido y en la serie, marcando un punto de inflexión en las aspiraciones de los dirigidos por Gattuso.
Y es que el cabezazo de Lenglet fue a quemarropa y el penal de Suárez, inatajable. Los errores defensivos del Napoli conspiraron en contra de Ospina y los intereses mismos del equipo, que había tenido un buen inicio del partido y alimentaba la ilusión napolitana de poder dar el golpe en Camp Nou. La imprudencia de Koulibaly fue un precio alto, más aún cuando llegó el descuento de Insigne.
El undécimo duelo entre ambos se resolvió a favor del argentino, llegando al quinto gol ante el ex-Arsenal y así, marcar el fin de una buena temporada para Ospina. Fueron 23 partidos: 17 de Serie A, 2 de Champions y 4 de Copa Italia, la cual terminó levantando. Pero lo más importante de todo fue recuperar la continuidad perdida, de la mano de Gattuso, y la confianza para convertirse en pieza importante, con salvadas providenciales y su buena salida de juego, cualidad innegociable para el técnico.





