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Joselu Abelardo Lucas Pérez AlavésGetty

En tiempo de desencuentros, siempre alta la frente

Ruben Uria BlogGoal

Que el Deportivo Alavés es un club modélico en lo financiero y que durante todos estos años ha sido una gran familia es algo inopinable. Para sobrevivir en la jungla de nuestro fútbol, el Alavés siempre se ha autogobernado por algo fácil de decir y difícil de mantener: ser un club pequeño cuyo secreto siempre ha sido ser una gran familia. Hoy el equipo está inmerso en las procelosas aguas de las plazas del descenso, la incertidumbre ha crecido y el ambiente se ha envenenado con una serie de rumores infundados sobre presuntos líos de faldas que tienen poco que ver con el fútbol y bastante con aquello de “difama bien y no mires a quien”. Hay quien cree que una mentira, repetida mil veces, acaba siendo verdad. No es cierto.

Ahora bien, si el efecto bola de nieve de diferentes medias verdades y trolas como camiones acaba por percutir una y otra vez contra el club, acaba haciendo mella si sus gestores no terminan de frenar el recorrido de algunas historias para no dormir. Si el asunto ha cogido vuelo, alguien debería bajar la pelota al piso, poner algo de cordura y desactivar el efecto de este fuego amigo que amenaza con abrasar el bienestar de un club pequeño que siempre se ha mostrado grande por su capacidad para remar contra corriente y superar las adversidades. Si el club está desgastado, tiene que encontrar el liderazgo suficiente par unir lo que se pueda haber desunido. Y si el deterioro en las convicciones del club se ha resentido, alguien debe poner punto y final a la historia. De lo contrario, la bola crece y el alud puede acabar llevándose por delante un proyecto maravilloso.

Que el Deportivo Alavés, modelo de club ejemplar, esté siendo campo abonado de “fake news” y bulos relacionados con supuestos líos de faldas sólo puede acabar lastimando la imagen del club. Y eso se debe zanjar de una vez por todas. Con liderazgo y firmeza. La misma receta se debe aplicar en el ‘caso’ Lucas Pérez. El entrenador, Abelardo Fernández, usó palabras gruesas para señalar que el delantero no está actuando con la profesionalidad que se presupone a una de las grandes estrellas del equipo. Una situación desagradable, porque los trapos sucios siempre se lavan en casa y no se airean. Y menos cuando te estás jugando seguir en la categoría. Sólo Lucas y Abelardo saben qué está pasando ahí, qué sucede en los entrenamientos y qué nivel de compromiso existe. Se conoce la versión del técnico y sería aconsejable conocer la versión del delantero. En público o en privado. Todo lo que no sea eso, dañará aún más al equipo.

Que nadie se engañe, la situación no está para airear guerras intestinas, ni para dejarse llevar por bulos, ni para alimentar un clima guerracivilista. Ni la ciudad lo necesita, ni el club lo debe permitir, ni el vestuario debe tragar, ni el grupo puede cargar con ese lastre. Al margen de su extraordinaria afición, ese club se vertebra en torno a unos buenos gestores y a un vestuario maduro con líderes capacitados como Manu, Pacheco, Pina o Laguardia, entre otros. Es hora de reaccionar. Es tiempo de que el equipo busque un frente común. Y es el momento de que el Deportivo Alavés aparque cualquier tipo de conflictos, fundados o infundados, para centrarse en el gran objetivo que persigue el club, el vestuario, el entrenador, la afición y la ciudad. Seguir siendo de Primera. Es hora de aplicar un torniquete a la herida para que la hemorragia se frene. Hoy, mejor que mañana. Si se deja correr, si la inacción es el camino, si nadie toma decisiones y nadie alza la voz para defender el interés común del club, el tema se puede gangrenar. Y no hay prótesis que valga para un alma amputada. Alta la frente.

Rubén Uría

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