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Edmundo Rebel UnitedGetty/Footballco

Emborrachó a un chimpancé con aguardiente: Edmundo llevó sus excesos al extremo

Filippo Cataldo
Traducido por

  • Si Edmundo dice la verdad sobre aquella curiosa cláusula del carnaval en su contrato con la Fiorentina, y en realidad no hay motivos para pensar que mienta, Giovanni Trapattoni no debería haberse enfadado tanto entonces. 

    Quien incluye en el contrato de un delantero genial y alborotador nato como Edmundo Alves de Souza Neto una cláusula que le permite viajar a Río de Janeiro para el carnaval no puede sorprenderse después de que Edmundo se marche allí durante 16 días (!) en plena temporada.  

    Ocurrió en febrero de 1999. Edmundo atravesaba la etapa con menos escándalos y de mejor forma de su carrera (una cosa, por cierto, puede tener relación con la otra, pero no necesariamente). En la Fiorentina, en la Serie A italiana, que por entonces probablemente seguía siendo la liga más fuerte del mundo, aunque no por mucho tiempo, formaba junto a su compañero de ataque Gabriel Omar Batistuta y el organizador Rui Costa el tridente ofensivo más temido y más ofensivo de aquella temporada. 


  • Por qué Edmundo viajó a Río para el carnaval

    BRAZIL-EDMUNDO-CARNIVAL
    AFP

    Edmundo viajó a Río para el carnaval en plena lucha por el título de la Serie A.

    «Pero, pidiera lo que pidiera, me lo permitían»

    Sin embargo, Edmundo, apodado «O Animal» por su forma de jugar, extraordinariamente potente y a la vez elegante, y por su temperamento desenfrenado, no había querido fichar por un club de la Toscana.

    Acababa de ganar la Copa América con Brasil cuando su club, Vasco da Gama, quiso hacer caja con la venta del delantero. El club acordó con el entonces máximo responsable de la Fiorentina, el productor cinematográfico Vittorio Cecchi Gori, un traspaso de 13.000 millones de liras (teniendo en cuenta la inflación, hoy serían aproximadamente 12,4 millones de euros). Además, Edmundo podía quedarse en Brasil el resto del año y trasladarse a Italia en enero de 1998.

    Pero Edmundo no tenía ganas de jugar en la Viola. «No tenía la sensación de que la Fiorentina fuera un club que realmente estuviera en auge», dijo en una entrevista con Playboy en 2014. «Pero todo lo que pedía me lo concedían». Así consiguió que incluyeran en su contrato la cláusula del carnaval. 



  • Sin título tras la escapada al carnaval

    Gabriel Batistuta Edmundo Fiorentina 1998

    Edmundo y Gabriel Batistuta en la Fiorentina.


    Tras una segunda vuelta de la temporada 1997/1998 más bien discreta, el club de Florencia lideraba la Serie A en febrero de 1999 con Giovanni Trapattoni como nuevo entrenador. En aquellas semanas, había motivos para pensar que la Viola tenía, por primera vez desde 1969, posibilidades reales de volver a ganar el scudetto. ¡De falta de ambición, nada! 

    Pero el 7 de febrero de 1999, Batistuta, la gran estrella de la Fiorentina, sufrió una grave lesión de rodilla en el partido contra el AC Milan. Esa misma noche, Edmundo subió a un avión y viajó a Río de Janeiro. Ante las circunstancias, Trapattoni acudió al aeropuerto para intentar impedir que su segundo delantero más importante se marchara de viaje de placer, pero fue en vano.

    Edmundo se marchó. Trapattoni se enfadó muchísimo: sentía que el brasileño lo abandonaba a él y a su equipo en un momento difícil. A su regreso, Trap, que años después comparó el carácter de Mario Balotelli con el de Edmundo, siguió dándole minutos, pero el impulso ya se había perdido. Edmundo solo sumó otros dos goles y una asistencia en la Serie A. La Fiorentina acabó tercera y perdió ante el AC Parma en los partidos de la final de la Copa de Italia. Así terminó la primera aventura de Edmundo fuera de Brasil: regresó al Vasco da Gama y no volvió a ganar ningún título en una carrera que se prolongó hasta 2008. 

  • ¡29 goles y siete expulsiones en una sola temporada!

    Edmundo (#10) and Romario (#11) of Vasco de Gama
    Getty Images Sport

    Mejores amigos y mejores enemigos: Edmundo y Romario.


    En cambio, pudo, o tuvo que, volver a jugar con Romario. 

    La estrella mundial había sido durante mucho tiempo su mejor amigo, dentro y fuera del campo. Se habían dado innumerables asistencias y habían celebrado juntos aún más fiestas.La amistad se rompió cuando Romario abrió un bar de playa y Edmundo vio, durante la fiesta de inauguración, una caricatura en la pared del baño  en la que creyó reconocerse a sí mismo y a una de sus innumerables exparejas. Por desgracia, se trataba precisamente de la expareja que le había roto el corazón. Se lo tomó tan mal que, tras su reencuentro sobre el césped, durante un tiempo incluso se negó a pasarle el balón a Romario. Finalmente, Edmundo se enemistó con la directiva del club al exigirle que le pagara tanto como a Romario. El campeón del mundo se quedó y ganó el título con Vasco; Edmundo fichó por el FC Santos y, de allí, se marchó a Japón. 

    «Dicen que sueña con jugar a mi lado en la Selecao. Mi sueño, en cambio, es no tener que volver a jugar con él», le espetó Romario antes de que se marchara. Su deseo no se cumplió. En 2004 volvieron a coincidir en el Fluminense. No volvieron a ser amigos, pero al menos volvieron a pasarse el balón: Romario marcó doce goles en los siete partidos que jugaron juntos. No podían estar el uno con el otro, pero tampoco el uno sin el otro. Y quizá nadie entendía a Edmundo tan bien como Romario. Y viceversa.

    Con Romario o sin él, Edmundo encadenó excesos y escándalos, agresiones y peleas, salvo en aquel breve periodo entre la conquista de la Copa América con Brasil en 1997 y su viaje a Río para el carnaval. En la temporada anterior a su fichaje por la Fiorentina, en Italia, marcó 29 goles con Vasco da Gama, pero también fue expulsado siete veces (!). Incluso en la final de la Copa América de 1997 debería haber sido expulsado tras golpear a un rival; solo evitó la expulsión porque el entrenador Mario Zagallo lo sustituyó de inmediato. 


  • Cerveza y aguardiente para el mono, accidente de coche mortal

    TOPSHOT-SOC-CUP-FR98-CONCACAF-BRAZIL-EL SALVADOR
    AFP

    En el Mundial de 1998.

    Atacó a árbitros, provocó peleas multitudinarias y, entre tanto, pensó que era buena idea contratar un circo entero para el primer cumpleaños de su hijo. Por sí solo, aquello aún podría haber pasado por una idea excéntrica, pero bienintencionada al fin y al cabo.

    Pero, por desgracia, a Edmundo no se le ocurrió nada mejor durante la fiesta que emborrachar con cerveza y licor a un chimpancé de aquel circo. Como era de esperar, no solo los defensores de los animales se indignaron. Edmundo incluso recreó la escena más tarde en una sesión de fotos para una revista masculina. Simplemente no sabía cuándo parar. 

    Ni siquiera el momento más oscuro de su vida había conseguido entonces apartar a Edmundo de semejantes disparates. En diciembre de 1995, tras una noche de fiesta, había provocado un accidente de tráfico mortal en el que murieron tres personas, entre ellas una pasajera de su camioneta pick-up que tenía solo 16 años.

    Las circunstancias exactas del accidente nunca pudieron esclarecerse del todo, pero sí se sabe que Edmundo circulaba a una velocidad muy superior a la permitida en una zona limitada a 60 km/h. En 1999 fue condenado a cuatro años y medio de prisión en régimen semiabierto, pero hasta hoy solo ha pasado dos días en la cárcel. El proceso quedó definitivamente archivado en 2011 por prescripción. La ausencia de un castigo por parte del Estado desató numerosos debates en Brasil sobre la supuesta «Imunidade dos ricos» (la inmunidad de los ricos). Expresó una y otra vez su profundo pesar a las familias de las víctimas y les pagó grandes sumas de dinero. Asegura que nunca podrá olvidar lo ocurrido. Sin embargo, jamás pidió perdón.