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Unai NúñezGetty images

Unai Núñez se hace su sitio

Firma Lartaun de AzumendiGoal

Parafraseando libremente a Blaise Pascal podría decirse que el fútbol tiene razones que la razón desconoce. Si bien el intelectual galo solo conoció parte del siglo XVII, su célebre adagio ha sido adaptado durante cientos de años a circunstancias de todo tipo. También en el fútbol; y si no que se lo pregunten a los argentinos, que han hecho de la frase del polímata francés una suerte de recurso para tintar su banderas y pancartas.

Así sucede también con Unai Núñez, el central portugalujo del barrio de Repélega del que procede igualmente su compañero Ander Capa. A pesar de que Unai llegó temprano a Lezama con la vitola de productivo delantero, nada más aterrizar en el vivero vizcaíno lo retrasaron al eje de la zaga y desde entonces allí se ha movido en calzones.

Sucede que la necesidad de Ziganda le permitió subir al primer equipo y desde aquellos 20 años que tenía ha estado haciendo una mili en el centro de la defensa como las que hacían nuestro mayores en el Sidi Ifni: larga y de una más que obligada adaptación. Las urgencias le dieron la bienvenida y llegó a formar dupla con Laporte adelantando en el escalafón a Etxeita.

Fue una primera campaña la suya en la que si algo hizo fue jugar; fue la de la recaída del cáncer de Yeray. Su desempeño destacó, máxime si se tiene en cuenta que llegaba de la Segunda B. Mas como sucede en estos casos, la frescura de los debuts, el no pararse a pensar demasiado dónde estaba y el peso que la púrpura le podría estar suponiendo, le situaron más arriba de lo que su bisoñez y unas cualidades por pulir aconsejaban como lógico.

Cuando se hubo recuperado Yeray, Núñez dejó de ser la compañía de Iñigo Martínez y Berizzo primero y Garitano después, apostaron por la pareja más veterana. Sobre todo el argentino. Unai siguió trabajando y no le faltaron partidos, aunque no siempre llueva a gusto de todos.

Al final de la temporada 18/19 Garitano contó con él y respondió. Hasta tal punto fue así que el entonces seleccionador Robert Moreno le hizo debutar con la Roja en un choque oficial contra Islas Feroe en El Molinón. Fueron solo seis minutos pero entró al verde sustituyendo a Sergio Ramos.

Un año más tarde –tras haber disputado 26 encuentros en más de 2000 minutos– Núñez salió en un medio a reivindicar un cambio en su situación. Hablaba de disfrutar de más presencia en el verde y ponía sobre la mesa la opción de una cesión a un equipo que creyera en él. Fue un movimiento que no se entendió en Bilbao y más en un joven de 22 años que, como tercer central de los leones, contaba con minutos con cierta regularidad.

Afortunadamente en Bilbao no suele tomarse la matrícula a nadie y las aguas volvieron a su cauce. Poco después llegó la Covid y el fútbol sigue tan cogido con pinzas como lo está hoy. Pero en el vacío y pandémico San Mamés Unai Núñez ha estado sometido a unos test de estrés más propios de los bancos comerciales ante el BCE. Ha pasado de vivir en el banquillo a relevar frecuentemente a Yeray e Iñigo, que por unas u otras razones han faltado más de lo habitual a sus citas con las convocatorias. Ha navegado en la grisura en la que se instaló el Athletic de Garitano y la llegada de un técnico nuevo con un mensaje muy distinto al de su antecesor y con un libreto que –si bien puede parecer algo similar desde fuera– es distinto, exigente y de compleja digestión mediada la temporada.

Ha habido días en los que ha salido en las fotos en las que nadie desea aparecer. Pero al igual que él otro compañeros de la zaga como Capa, Yeray e incluso Yuri y hasta Dani García o Vencedor se han visto involucrados en errores, en ocasiones, de bulto. El cambio que Marcelino ha impreso en defensa a su equipo no ha sido sencillo de llevar a la práctica con unos automatismos tan marcados como el de, por ejemplo, esa concesión tan frecuente de las bandas al rival.

Aun así, pasados los tragos coperos, Núñez ha llevado a cabo encuentros que lo han devuelto a la primera línea del fútbol ante rivales como el Betis, el Atlético y el Sevilla. Con la temporada cerca de capotar, uno de los detalles más ilustres es el refrendo de que la calidad de un central llamado a disfrutar de años de gloria en el primer nivel se está produciendo. Ese defensa pleno de potencia, rápido en el tackle, un futbolista capaz de batir líneas de presión en la conducción cuando es preciso, tan destacado en el juego aéreo defensivo como cuando de rematar el balón parado se trata. Unai Núñez está mostrando su yo más maduro y completo a los 24 años. Está rebajando la frecuencia de esas desconexiones que sus compañeros y él parecían sufrir ante la nueva propuesta del entrenador asturiano. Estamos viendo a un Núñez más sereno y, por tanto, más capaz de mostrar qué clase de zaguero es.

Para aquellos rojiblancos que no creen en eso de que el futuro no existe, en Unai Núñez tienen un aliciente más de cara a la que esperemos sea la primera temporada sin la anormalidad de la pandemia en dos años. El portugalujo está cerrando el curso con el poso que deja haber superado la barrera de los 100 choques en rojo y blanco. El porvenir también será de Unai Núñez. Y si no, al tiempo.

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