La selección francesa ya prepara el Mundial 2026, aunque su primer rival no es sobre el césped: es el calor y la humedad extremos de Estados Unidos.
Al llegar a Boston y toparse con más de 35 °C y una humedad superior al 60 %, los “Gallos” activaron un plan de contingencia climática.
Según L'Équipe, el cuerpo técnico, liderado por Didier Deschamps, trasladó los entrenamientos al horario de los partidos para acelerar la adaptación física.
Deschamps insistió en una “guerra de hidratación”: cada jugador debe beber hasta seis litros de agua al día y usar toallas heladas para bajar la temperatura.
Además, la Federación Francesa instaló una cámara de frío móvil y baños de agua fría en la sede para agilizar la recuperación, advirtiendo sobre los cambios bruscos de temperatura.
Además, se ajustó el programa diario para reducir desplazamientos y cargas físicas innecesarias, ya que el trayecto entre el alojamiento y el centro de entrenamiento supera los treinta minutos en un ambiente agotador.
Aun así, los jugadores confían en adaptarse, pues el calor afecta a todas las selecciones.
Las previsiones meteorológicas animan, pues pronostican un descenso de temperaturas en Nueva York para el debut contra Senegal, aunque el calor podría reaparecer en rondas posteriores.





