Ronald Koeman todavía no tiene claro cuál es el sistema que mejor funciona para su Barça. El equipo se sentía cómodo con el 3-5-2 tras las grandes actuaciones en el Sánchez Pizjuán, en el Camp Nou frente al Sevilla, en París y ante la Real Sociedad en Anoeta, pero los dos últimos partidos de Liga hacen dudar de su funcionalidad. De hecho, el técnico se ha visto obligado a cambiarlo en el descanso después de un primer tiempo poco fluido. Sucedió en Barcelona ante el Real Valladolid y volvió a pasar en el estadio Alfredo Di Stéfano en el Clásico ante el Real Madrid.
Al holandés le aparece, de nuevo, la duda en el momento más decisivo de la temporada. Quedan ocho jornadas de Liga y una final de Copa del Rey a la vuelta de la esquina, el título que tiene más cerca el Barça. Este próximo sábado, el conjunto blaugrana se enfrenta al Athletic Club sin estar convencido de cuál es el mejor dibujo táctico para afrontar la final de Sevilla. La última vez que se enfrentaron, en la final de la Supercopa de España y en el mismo estadio, el Barça saltó al césped con un 4-3-3, con Araujo y Lenglet de centrales y con De Jong jugando de interior. Asimismo, en los dos partidos de Liga en los que se han enfrentado, Koeman también ha usado el 4-3-3.
Pero el sistema que mejor ha funcionado en los últimos tiempos es el 3-5-2. El equipo lo bordó en el Pizjuán en Liga (0-2), remontó pocos días después al Sevilla en las semifinales de Copa (3-0), hizo un muy buen papel en el Parque de los Príncipes (1-1) pese a quedar eliminado de la Liga de Campeones y desató la euforia de los culés tras un partidazo y goleada a la Real Sociedad en Anoeta (1-6). Sin Piqué ni Araujo, Frenkie de Jong se convirtió en el hombre clave en el eje de la defensa, tanto en la presión como en la salida del balón desde atrás, como también dieron un paso hacia adelante los laterales Sergiño Dest y Jordi Alba, actuando de carrileros y generando una fluidez en ataque que hacía presagiar un Barça incontrolable. La actuación de ambos en Anoeta y su relación con Messi y Pedri ilusionaban.
Sin embargo, el parón de selecciones agrietó la solidez del dibujo táctico y bajó las revoluciones de un conjunto que iba directo a asaltar el liderato. Al Barça le entraron dudas, el Valladolid le supo frenar y, además, le creó peligro a la contra con muchos espacios por detrás del centro del campo. Koeman tuvo que cambiar el sistema, volvió al 4-3-3, adelantó a De Jong y el equipo consiguió llevarse los tres puntos con el gol en el último suspiro de Ousmane Dembélé. Y ante el Real Madrid le ocurrió lo mismo. Zidane estudió al Barça y aplicó la lógica del Valladolid: encerrar las bandas, evitar que Messi contactase con Jordi Alba y salir a la contra con rapidez. Y le funcionó. El Barcelona colapsó y el entrenador volvió a cambiar el 3-5-2 por el 4-3-3 tras el descanso.
El equipo mejoró tras el cambio de dibujo, tanto ante el Valladolid como ante el Madrid, pero esta situación no ha hecho más que aumentar la preocupación por acabar de encontrar la fórmula definitiva. Los cambios funcionan, pero las ideas no se consiguen asentar por mucho tiempo. Además, hay un jugador que con el 4-3-3 es titular y con el 3-5-2 no acaba de sentirse cómodo: Antoine Griezmann. Habrá que ver con qué sistema salta el Barça el próximo sábado en la final de La Cartuja y qué jugadores conforman el once.




