No todos los árbitros son aptos para estar en la sala VAR. Por más que primero Velasco y después Medina sigan sacando pecho con el índice de aciertos, no hay Dios que entienda el criterio que se usa con las manos, asunto que ha desquiciado por completo al mundo del fútbol. Este fin de semana hubo cambio de tercio y la polémica de las manos dio paso a la de las entradas de roja que no acaban siendo roja, por mor de la sacrosanta interpretación - un día nos dirán que la paz mundial es cuestión de interpretación-, que es el comodín del público al que siempre recurre el estamento arbitral. La entrada de Casemiro. La de Acuña. La de Giménez. La de Busquets. Otras que también se produjeron y son menos mediáticas. Entradas de roja que, interpretación mediante, acabaron en amarilla. La semana pasada lo vimos con una entrada a Ruiz de Galarreta, que estará meses en el dique seco. Entradas que para unos son lances del juego y para otros, deben tener un castigo severo. Entradas que merecen un criterio único, no de un código ético variable. Volvamos a la casilla de salida: no todos los árbitros son aptos para estar en la sala VAR. ¿Por qué? Porque si no son capaces de proteger y salvaguardar la integridad física de los jugadores, que es lo más importante, el arbitraje español tiene un serio problema. De prioridades, de criterio y de base.
El caballo de batalla es el de siempre. El VAR, que es una herramienta magnífica, se usa mal, porque no tiene un criterio único y uniforme. No todos los colegiados tienen el nivel para estar en el VAR. No puede ser que haya colegiados que no valían para estar en Primera y sí sirvan para estar en el VAR. No puede ser que se siga tragando con un sistema clientelista. No es de recibo que los que pitan todos los fines de semana sean los que juzguen a sus compañeros. Nadie puede seguir tragando con un corporativismo infame que premia el colegueo y no preserva un criterio único. No puede ser que los clubes sigan callados, como una meretriz en misa, sin exigir un cuerpo único y específico de VAR, como existe en la NBA, la NFL y demás competiciones serias que, además de presumir de ser profesionales, lo son. Un cuerpo específico de VAR, compuesto por personas que sólo se dedican a ese trabajo, mantendrían un mismo criterio todas las jornadas, en todas las jugadas y para todos los protagonistas, fueran del equipo que fueran. El sistema no dependería del aire que le da al colegiado, ni de las ganas de trabajar del que ocupa el VAR, ni siquiera del criterio ético de geometría variable de árbitros que una semana ven roja en una acción y al partido siguiente, ven amarilla en la misma acción.
El estamento arbitral sigue pervirtiendo el espíritu del VAR mientras los colegiados ponen el cazo, el periodismo sigue sin denunciar lo que está pasando y los clubes prefieren mirar para otro lado, porque un cuerpo específico de VAR acabaría con su coartada perfecta, culpar a los árbitros de todos sus males. No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. A nadie le importa que el VAR funcione bien. A nadie le importa que haya un criterio arbitral unificado. A nadie le importa que la calidad del arbitraje mejore para hacer más justo el juego. Lo único que le importa al personal es cambiar todo para que nada cambie. Los árbitros, con la complicidad de los clubes y de los medios de comunicación, siguen siendo juez y parte de un sistema putrefacto. Si con el VAR a su disposición no son capaces de proteger la integridad física de los jugadores ¿qué se puede esperar del arbitraje español? Pues absolutamente nada. Pasan los partidos, pasa Velasco, pasa Medina y pasará el siguiente, pero el problema seguirá ahí. Nadie quiere un VAR decente. Se vive mucho mejor poniendo el cazo y escudándose en la historia de siempre. Interpretación. Aquí nunca pasa nada. Y si pasa, se le saluda.
Rubén Uría
