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Pep y el salón de los espejos: la fórmula reperfeccionada de su Manchester City

"Es un revolucionario", dijo uno. "Es un innovador", comentó otro. "Nadie ha hecho algo así", se escuchó en una de las filas de atrás. Las frases dibujaron el murmullo de más de 3 mil personas que se dieron cita en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, donde esperaban con ansias al arquitecto del mejor equipo de la historia.

Finalmente el protagonista hizo su entrada al escenario. Y luego del aplauso unánime en señal de admiración y reconocimiento, el silencio se instaló en las butacas del auditorio. Los presentes sacaron una libreta y un lapicero para tomar apuntes sobre el secreto de Pep Guardiola para marcar una época con el Barcelona.

Fue entonces cuando se escuchó: "Yo soy un ladrón de ideas para agarrar de todo el mundo". La frase estaba lejos de llenar las expectativas de los espectadores, pero el director técnico catalán estaba en lo cierto: su propuesta de juego es el resultado de una serie de ideas que han sido probadas por otros estrategas.

2017-05-05-lahm-guardiola(C)Getty Images

La influencia del Fútbol Total de Rinus Michels y Johan Cruyff es evidente en los equipos de Guardiola, no solo por hacer de la posesión un credo innegociable, sino por conseguir que cada uno de sus jugadores desarrolle la capacidad para desempeñarse en otros puestos. ¿Quién no recuerda a Philipp Lahm rompiéndola como mediocentro?

También rescata los conceptos de la famosa Salida Lavolpiana, llevando al equipo a viajar como un todo y posicionarse en campo contrario. Para nadie es un secreto que pep siempre apuesta por salir jugando con pelota dominada, generando superioridad numérica en el sector defensivo e integrando al arquero en esta dinámica con el juego de pies.

Y así podemos extendernos por un buen rato, la lista es demasiada larga. Eso sí, ninguna idea desempolvada por el catalán ha hecho tanto ruido como el falso 9. Porque Guardiola ha devaluado la importancia de tener un delantero de clase mundial y casi una década después, la fórmula sigue funcionando con éxito en Europa.

¿Qué es el falso 9?

Lionel Messi Pep Guardiola Xavi Andres IniestaGetty/Goal

La estrategia consiste en reemplazar al hombre de área tradicional por un futbolista que, lejos de quedarse clavado en el punto penal, tenga la capacidad de retrasar su posición, participar en la elaboración del juego y establecer sociedades productivas con el resto de los mediocampistas.

No obstante, la simple indicación táctica no es suficiente para que esta idea funcione. El falso 9 requiere de ciertas cualidades: velocidad, cambio de ritmo, saber moverse sin balón, capacidad asociativa, precisión en espacio reducido y buena finalización, para cuando tenga que terminar las jugadas. 

También necesita de un contexto que haga viable esta idea. El equipo debe contar con largas posesiones que obliguen al retroceso del adversario y jugar con extremos bien abiertos, con el objetivo de estirar las distancias laterales entre la defensa rival y generarle espacios al falso 9 en cuestión.

Una vez conseguido esto, sólo queda tener una rápida circulación para atraer la atención del rival al punto donde está el balón. Mientras eso sucede, el falso 9 busca el momento preciso para penetrar el espacio de una defensa distraída, pues los centrales no tienen ninguna marca referenciada en el área.

El origen de la idea 

Barcelona Real Madrid 6-2 2 May 2009Getty

La primera vez, para muchos, fue el 2 de mayo de 2009. Ese día se jugó una inolvidable edición del clásico de España, en el que Barcelona aplastó al Real Madrid por 6-2. ¿La clave? El nuevo puesto de Lionel Messi, quien abandonó la posición de extremo por derecha y se ubicó por el centro, construyendo triángulos imposibles con Xavi Hernández y Andrés Iniesta.

También se vio más adelante en el Bayern Munich. Guardiola vio esas cualidades en Franck Ribéry y los resultados fueron inmediatos: en la Supercopa de Europa 2013, el francés recibió por el centro y sacó un zapatazo imposible para Petr Cech desde fuera del área. El festejo del falso 9 con Pep fue una clara señal de la complicidad que había entre ambos para llevar a cabo este plan.

Otros jugadores pasaron por ese rol. Mario Götze y Thomas Müller también se desempeñaron en su momento como falso 9, logrando introducir nuevas variantes en el estilo de aquel Bayern Munich. Pero nada de esto era nuevo en el fútbol, ni mucho menos. De hecho, la idea nació varias décadas atrás con un hombre como protagonista: Nándor Hidegkuti.

Fue uno de los mejores delanteros que tuvo Hungría y es conocido por su hat-trick en la goleada ante Inglaterra por 6-3, concretamente en el año 1953. Sin embargo, Hidegkuti hizo algo más que tres goles:  retrasó su posición, destrozó la marca de los centrales y dejó un legado que revolucionó por completo la táctica en el fútbol mundial.

Esta idea de la Hungría de Oro fue desempolvada por Pep, quien la ha puesto en práctica en cada uno de los equipos que ha dirigido y demostrando nuevamente lo dicho hace ocho años en el teatro Gran Rex: tiene un talento especial para recopilar conocimientos preexistentes e integrarlos a su propuesta de juego, de las más modernas hasta el día de hoy.

Y así llegamos al City

Ilkay Gundogan Manchester City Neymar PSGGetty Images

La idea del señuelo no es nueva, pero Pep es un tipo que vive en constante actualización. El fútbol evoluciona y Guardiola se reinventa con el paso del tiempo para seguir compitiendo el más alto nivel luego de más de una década como entrenador. Uno de los conceptos que ha transformado es precisamente el de falso 9, llevando al Manchester City a su primera final de Champions League.

Al no disponer de un goleador de elite como Lewandowski, Kane, Benzema o Haaland, Pep ha decidido eliminar de su esquema la figura del centro delantero. Y para ello ha desarrollado la idea de una nueva versión del falso 9, en la que todos sus jugadores participan y cualquiera, en el momento menos esperado, puede ingresar al área y mandar el balón al fondo de las redes.

Todo comenzó en enero de este año, cuando el Manchester City visitó Stamford Bridge con la obligación de sumar los tres puntos para meterse de lleno en la carrera por la Premier League. Aquel partido fue la demolición del Chelsea de Lampard, que no pudo descifrar a unos Citizens que armaron jugadas llenas de vértigo con Gundogan, Foden, Sterling y hasta De Bruyne turnándose el rol de falso 9.

Guardiola fue puliendo la estrategia con el paso de las semanas y consiguió que cada futbolista entendiera que la finalización no es responsabilidad exclusiva de un jugador, sino de aquel que esté mejor posicionado para el remate al arco. No importa si es volante, extremo o central. Cualquiera tiene la libertad de atacar el espacio y ofrecerse como definidor.

Esto es una pesadilla para cada rival, pues defenderse ante cada ataque del City de Guardiola es como entrar a un salón de los espejos: todas las figuras parecen iguales, inofensivas, pasándose el balón de un lado a otro con la paciencia que los caracteriza... hasta que, en un abrir y cerrar de ojos, el sonido de la pelota golpeando las redes avisa que todo terminó. Una tortura para las defensas.

Y es que los centrales no pueden salir a presionar por el riesgo que supone ceder el espacio. Entonces solo tienen una opción: mantener máxima concentración para 'descubrir', en el momento preciso, cuál de las figuras celestes abandonará su posición, hasta entonces inofensiva, para culminar la jugada como todo un delantero de primer nivel.

Kyle Walker, Phil Foden, Pep GuardiolaGetty

Acá también se aprecia cómo Pep, cual 'ladrón de ideas', aprovecha uno de los principios de Marcelo Bielsa: "Si uno no tiene elaboración, la presencia del '9' no es utilizable. Las chances de gol se concretan mediante un jugador, no mediante dos", dijo el Loco en junio de 2002, respondiendo a la posibilidad de juntar a Gabriel Batistuta con Hernán Crespo.

Es así como el City ha encontrado la manera de superar cada obstáculo en la Champions League. El Borussia Mönchengladbach le plantó un muro y lo derribó con los torpedos de Bernardo Silva, Gabriel Jesus, De Bruyne y Gundogan. Cuatro jugadores distintos que finalizaron cada jugada precisamente por no estar referenciados por los centrales.

Tampoco pudo neutralizarlo el Borussia Dortmund, víctima del oportunismo de De Bruyne y Foden. La historia no fue distinta con el París Saint-Germain, que a pesar de cortar la elaboración de raíz con la presión intensa durante los primeros minutos en la ida, cuando estuvo contra las cuerdas nunca pudo adivinar por dónde culminaría el ataque celeste.

Guardiola vuelve a una final de Champions League haciendo uso de su conocimiento enciclopédico: la posesión ofensiva y el intercambio de roles del Fútbol Total; el posicionamiento en campo contrario por medio de la Salida Lavolpiana; viajar juntos con el balón para la recuperación inmediata, como sugiere Juanma Lillo; la finalización con un solo hombre, como explica Bielsa y el falso 9 de la Hungría de Oro. La combinación perfecta para diseñar una propuesta de juego que, como conjunto, también será de obligatoria referencia para las próximas generaciones de entrenadores. 

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