“Esta es la edad de oro del periodismo deportivo” repiten, por activa y por pasiva, sin ruborizarse, varios compañeros de profesión. La frase provoca hilaridad y sonrojo, sobre todo en días como hoy. Primero, porque lo que queda del periodismo deportivo hace años que ha tirado al contenedor de la basura el rigor. Y segundo, porque nuestra profesión, a la que todos hemos convertido en un espectáculo lamentable de bufones, vendedores de crecepelo y monstruos de barraca de feria, sigue alardeando de un código de geometría variable. Sólo asumiendo que el contenedor de bilis de algunos está hasta los topes se podría entender el tratamiento mediático que sufre el Atlético de Madrid, cuyos intolerables crímenes de guerra consisten en ir primero, querer ir partido a partido, rechazar el rol de favorito impuesto por otros y vender menos periódicos que el equipo que tiene que ganar siempre porque, cuando no gana, España se rompe.
Y no es queja de atlético confeso, sino un hecho constatable. Cuando tenía seis puntos de ventaja y un partido menos, la 'central lechera' decía, por tierra, mar y aire, que el Atleti era favorito y dejaban caer que los atléticos tenían miedo a reconocerlo. Cuando el Atleti tenía siete puntos de ventaja y dos partidos menos, las terminales mediáticas que lavan más blanco que Ariel dijeron que si el Atleti no ganaba esta Liga sería un fracaso de Simeone. Ayer un empate fue suficiente para que los mismos que decían que el Atleti era el favorito y el Cholo sería un fracasado si no era campeón, anuncien ahora, a bombo y platillo, que “hay Liga” y “revive la Liga”. Si ante el Granada el Atleti no gana, aparecerá eso de “se dispara el cagómetro” y "el clavo ardiendo”. Y si el Atleti no saca adelante su duelo ante el Levante, dirán que el Cholo ha tirado la Liga y debe dimitir, porque el Atleti va camino de Segunda. Humo que vendiste, humo por vender.
Más allá de la crisis existencial de un periodismo patético, que confunde realidad con audiencia e información con negociete, está la realidad. Que el Atleti, el día que tenía siete bajas en su equipo – seis por Covid-19 y otro sancionado-, estuvo cerca de ganar un partido que tuvo perdido en el primer acto. La realidad es que queda un mundo por delante, que a los atléticos les quedan 48 puntos en juego y que nadie va a sacarles del partido a partido, ese mantra que enfada a los que un día le llaman favorito y al siguiente le dicen que hay Liga. Simeone lo advirtió hace años: “No consuman”. Como al personal le va la marcha, resultará imposible aislarse. Y los atléticos, como en 2014, tendrán que convivir con ello, con naturalidad, provisionados de ración doble de biberones, palanquitas y cholinas. El Atleti perderá o ganará. Jugará mejor o peor. Pero seguirá su camino, el de la coherencia. Ni antes era campeón, ni ahora es una piltrafa.
A un lado de la ventanilla, Simeone y su tropa. Al otro lado, lo que queda del periodismo, con su código ético de geometría variable. Ese al que no le preocupa el estado de la profesión, ni sus falsos autónomos, ni el paro masivo, ni el intrusismo laboral – al parecer sólo preocupan los streamers y los youtubers-, pero sí que el Atleti no reconozca que es favorito, para restregarle después que hay Liga por un triste empate. Así funciona el negocio. Los que decían que el Atleti era favorito con seis puntos de ventaja son los mismos que ahora dicen que “hay Liga” cuando tiene ocho puntos sobre sus perseguidores. Luego se preguntarán por qué aparecen chavales jóvenes generando nuevas plataformas de comunicación. Pues muy sencillo: porque lo que hay ahora, apesta tanto que podría hacer vomitar a una cabra. El Atleti va partido a partido. Esta gente va portada a portada, debate a debate, encuesta a encuesta y parida a parida.
Rubén Uría





