Pese al gran papel que desempeñó Andriy Lunin en la victoria del Real Madrid en el Clásico, tras ser uno de los principales artífices del triunfo sobre el Barcelona, el guardameta ucraniano no seguirá protegiendo la portería del equipo, ya que volverá al banquillo en el duelo ante el Racing de Santander.
Esta situación refleja una paradoja que vive Lunin desde hace mucho tiempo, pues por muy alto que sea su nivel, la presencia de Thibaut Courtois sigue siendo un obstáculo para que disponga de minutos con regularidad, dada la condición que ostenta el guardameta belga como el mejor del mundo, y quizás de la historia del fútbol.
Y pese a que no tiene un sitio como titular en la alineación, Lunin demuestra cada vez que tiene la oportunidad que es un portero en el que se puede confiar.
Según el diario español «As», el ucraniano ofreció una actuación destacada ante el Barcelona, en la que detuvo 6 intentos, el más relevante de ellos un cabezazo de Gerard Martín, además de mantener la calma y mostrar una gran experiencia a lo largo del encuentro.
Este brillo no fue una mera aparición pasajera, sino que se dio como una prolongación de una personalidad fuerte y de una reputación que Lunin ha adquirido gracias a su nivel, algo que confirman también sus números ante el Barcelona, tras lograr 4 victorias en 5 partidos de Clásico.
Es raro que un portero que pasa la mayor parte de su tiempo en el banquillo logre tener un impacto tan grande con solo ser llamado a participar, pero Lunin se aparta de la imagen habitual del portero suplente.
Uno de los secretos de su éxito radica en su gran confianza en sí mismo y en su firme convicción en sus capacidades, cualidades que se manifiestan con claridad dentro del vestuario del Real Madrid, donde goza de un gran aprecio por su personalidad.
Lunin no se ve a sí mismo como inferior a Courtois, ni permite que la naturaleza de su rol o las circunstancias de su participación afecten a la confianza en sus posibilidades.
Esta mentalidad se refleja también en su estilo de vida y en su trabajo diario, pues Lunin combina su carácter reservado con su constante interés por seguir la guerra en Ucrania, además de un sentido del humor que ha adquirido un tono cada vez más español.
El guardameta ucraniano es uno de los jugadores más entregados al trabajo y al entrenamiento, hasta el punto de que su pasión por los entrenamientos lleva a veces a sus allegados a pedirle que se tome un descanso.
Lunin no deja ningún detalle de su carrera al azar, pues solicita continuamente vídeos analíticos de sus intervenciones durante los partidos y se ciñe a programas de entrenamiento individuales dentro de su casa.
Su interés por el entrenamiento se extiende hasta el jardín de su casa, donde recrea situaciones de partido y pide a sus familiares y amigos que ejerzan de rivales para ayudarle a mejorar su nivel.
En el plano técnico, Lunin construyó una relación basada en la confianza plena con Luis Llopis, que se encargó de entrenar a los porteros del Real Madrid hasta la presente temporada, y logró forjar también una buena relación con Nuno Santos, el entrenador que trajo José Mourinho para asumir esta tarea.
Asimismo, el abrazo que Mourinho quiso dar al guardameta ucraniano, después de que sus compañeros lo llevaran a hombros tras el duelo ante el Barcelona, reflejó la magnitud del aprecio del que goza dentro del vestuario.
Con el paso de los años, Lunin ha superado muchas de las dudas que lo acompañaban por estar alejado del once titular, y ya no le afectan las voces que lo empujaban a sentirse una mera segunda opción.
Y pese a recibir constantemente ofertas para marcharse, no estuvo lejos de abandonar el Real Madrid durante los veranos de 2024 y 2025, después de mostrarse dispuesto a vivir una nueva experiencia, pero las ofertas que le llegaron no fueron lo suficientemente convincentes como para dar ese paso.
Un apoyo decisivo
El entorno de Lunin desempeñó un papel en el debate sobre su futuro, pues en algunos periodos le pidieron cambiar de aires y buscar un club que le diera una mayor oportunidad de participar, y estas peticiones llegaron a veces hasta la insistencia en la marcha.
Pero el guardameta ucraniano optó por mantener su estabilidad en Madrid, prefiriendo la posición que logró adquirir dentro de la ciudad deportiva de Valdebebas antes que vivir una nueva experiencia.
También Jorge Mendes, agente de Lunin y responsable de la gestión de su carrera, contribuyó a inclinar la balanza hacia la permanencia, pues se esmeró en alejarlo de las decisiones precipitadas.
Y cada vez que Mendes trasladaba alguna oferta a los altos cargos del Real Madrid, la respuesta era el rechazo, lo que le llevó a tranquilizar al guardameta ucraniano y a animarlo a continuar su trayectoria con el club.
La postura de Mendes no estuvo desligada de la visión del propio Real Madrid, pues el conjunto blanco siempre ha mostrado un gran aprecio por Lunin, y no ha pensado en prescindir de sus servicios, al considerarlo la mejor opción para suplir a Courtois.
La grave lesión del guardameta belga durante la temporada 2023-2024 vino a brindar a Lunin la oportunidad de demostrar su valía de forma práctica, después de que los temores dentro del club se convirtieran en una verdadera prueba de la capacidad del guardameta ucraniano para asumir la responsabilidad.
Durante aquel periodo, Lunin desempeñó un papel decisivo en la conquista por parte del Real Madrid del doblete de LaLiga y la Liga de Campeones, confirmando que merecía la confianza del club.
Desde esta perspectiva, la renovación de su contrato hasta el año 2030 no fue una mera medida administrativa, sino que supuso una expresión de la confianza mutua entre ambas partes; Lunin cree en sus capacidades y no duda de sus posibilidades pese a la presencia de Courtois, y el Real Madrid, por su parte, se aferra a él y confía en su valía.







