Que sí, que el Barcelona sigue ganando y volvió a hacerlo ante el Alavés tras el frenazo en el Clásico. Es líder y cierra el año sin sobresaltos, como quería, arrastrado por los tres reyes que tiene en la plantilla. Pero lo exhibido en el último partido de la temporada, una vez más, puede no ser suficiente para competir ante las primeras espadas de Europa llegado el momento. El equipo sigue desnortado en cuanto al juego, si bien frente al cuadro vasco Ernesto Valverde dio descanso al timonel, Frenkie De Jong, para dar entrada a un Arturo Vidal que supo aprovechar la titularidad en el aspecto individual pero que fagocitó al colectivo, carente de orden ante un Alavés que nunca se dio por vencido.
Ni siquiera cuando Antoine Griezmann abrió el marcador -sexta vez que el francés logra el primer gol del partido, por cierto- aprovechando la asistencia de Luis Suárez en posición de extremo derecho mostraron el más mínimo nerviosismo los hombres de Asier Garitano, que incluso pudieron poner las tablas al filo de la media hora pero Wakaso no acomodó bien el balón en su remate tras conseguir una posición franca de remate desde la frontal. Y sí, el Barcelona dominó en todo momento pero sigue sin brillantez. Apenas una combinación de Griezmann, que se la dio con la espuela a Leo Messi para que el rosarino cruzara demasiado el remate y el balón se paseara por la línea de gol antes de perderse por línea de fondo, fue la única acción que espoleó al público de sus butacas.
Porque el Barcelona ni siquiera logró evitar cierto sufrimiento en un choque que se prometía plácido desde el 1 a 0. La tranquilidad que dio Arturo Vidal al conectar otra asistencia de Luis Suárez en la última acción del primer tiempo duró apenas los nueve minutos que tardó Pere Pons en establecer el 2 a 1 en el arranque del segundo. La suerte del Barcelona es que de Messi solo hay uno y viste de azulgrana. Solo quince minutos después de que el Alavés metiera el miedo en el cuerpo del barcelonismo apareció el rosarino para transformar un insulso pase de Suárez en un cañonazo ajustado al poste que significó el 3 a 1. El uruguayo, además, se apuntaría el 4 a 1 definitivo de penalti.
En lo material el Barcelona cumplió el objetivo de despedirse del año con una victoria que le mantiene en lo alto de la clasificación, por lo menos, hasta el próximo 4 de enero, cuando visitará al Espanyol. Logró goles que permitieron al equipo abstraerse del soporífero juego y demostró que tan peligrosos son los tres fenómenos que tiene en ataque como huérfano de ideas vive. De nuevo, lo que vale para aplastar al Alavés puede no ser suficiente para acabar con rivales de mayor enjundia. Solo el tiempo dirá si la apuesta de Ernesto Valverde sale bien. Mientras, es hora de comer los turrones en paz y harmonía, la que brindan los tres reyes azulgrana.

