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Ruben Uría Blog

Los que tienen la pistola y los que cavan

Cuando el mítico Sergio Leone nos regaló la maravillosa “El bueno, el feo y el malo”, dibujó una escena ilustrativa del lejano oeste: “Hay dos clases de personas en la vida, los que tienen la pistola y los que cavan. Y tú, cavas”. En la ida y en la vuelta, el Arsenal tuvo la pistola y el Valencia, la pala. Uno mató a sangre fría en el área y el otro cavó su tumba. El equipo de Marcelino estaba obligado a convertirse en un boxeador obligado a buscar el KO. Quiso ocupar el centro del ring y cambiar mano por mano con su rival. Mal negocio, porque uno tiene algodón en los puños y el otro, manos de piedra. Nada es imposible en fútbol, pero es francamente complicado que un equipo con el instinto asesino de Bambi lastime a un equipo que atrás es de cristal pero, arriba, es King Kong. Eso no hay sistema que lo frene, ni entrenador que lo corrija, ni afición que lo levante. El que perdona, paga y muere. Y el que mata, vive. Ley de fútbol, ley de vida.

La puesta en escena no defraudó: Mestalla no falló, el público se entregó y aunque el Valencia se esperanzó con hacer volar por los aires la resistencia inglesa con un gol tempranero – como en la ida, miren por donde-, acabó en la lona, convertido en el saco de los golpes de un Arsenal que tuvo barra libre en área contraria. Aubameyang y Lacazette, dos cobras, sacaron a pasear la mano y el Valencia acabó hecho añicos. Pura lógica. A un boxeador que sólo tiene corazón sólo le espera una buena paliza. Dicho y hecho. El primero puñetazo fue de Aubameyang: ganó una pelota rodeado de cuatro zagueros y la mandó a guardar. Otro crochet no llegó a su destino, porque Lacazzette estrelló una pelota contra el palo. El que sí llegó fue un gancho al hígado, de esos imposibles de tomar, que puso al Valencia en el piso:  Lacazette recibió, giró sobre sí mismo, armó la pierna y ajustició con precisión quirúrgica. Un gol que hizo que Mestalla descubriese el sonido más potente del mundo: el del silencio. El tercer puñetazo lo repitió Aubameyang, excelso. Y el último, cómo no, también corrió de su cuenta. “Hat-trick”y de propina, ovación de reconocimiento de la gente de Mestalla. Nada más que añadir. Si el rival tiene veneno arriba y tu concedes en defensa, te vacunan.  

Nunca en cien años, jamás en toda su historia, el Valencia CF había jugado dos finales en una misma temporada. Tampoco será este curso. Saber por qué es muy sencillo. El Arsenal tuvo la pistola y el Valencia, la pala. Los ingleses dispararon y el Valencia cavó su tumba. Pasó el que más lo mereció, el Arsenal. Adiós, Bakú. Lástima. Otra vez será. Al menos, al Valencia le queda todavía una bala de cañón, la final de Copa del Rey. Eso sí, ante el Barça, más le vale que lleve pistola y sepa disparar. De lo contrario, tendrá que cavar otro agujero.

Rubén Uría

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