Mala noche para Atlético Nacional en Barranquilla, muy mala. El equipo base que se consagró en Ibagué volvió después de las vacaciones para intentar recuperarse de una semana caótica, extraña e inverosímil, pero no le salió nada ante un Junior que lo superó de principio a fin.
De la resiliencia y capacidad de sobreponerse a la adversidad que tanto caracterizó al equipo en la campaña anterior, nada. De fútbol muy poco -salvo el gol de Duque y una que otra jugada más- y de errores colectivo e individuales, mucho. Un equipo pasado en revoluciones, pero sin inteligencia para saberlas administrar o ejecutar con la pelota y no contra el rival, paquidérmico en sus facetas de juego. Otro Nacional.
Un Nacional al que no le funcionaron los cambios del Arriero, que en el segundo tiempo se vio aún más superado por el rival y al que le costó encontrarse con las ideas. Duro golpe para empezar el campeonato, pues no se vio el grupo fuerte que había anticipado el capitán Alexánder Mejía tras el empate con Cortuluá, por supuesto, con su mejor intención. Nacional se vio vulnerable, mucho más que antes.
Sarmiento tendrá mucho trabajo defensivo por delante, Herrera y Restrepo mucho más trabajo ofensivo y de armado de equipo, el psicólogo o motivador, enfatizar en dejar atrás el caos y la polémica, los jugadores en recuperarse moral y físicamente y los directivos en hacer un esfuerzo por balancear mejor el plantel con incorporaciones, aunque de todo, esto último parece lo más improbable.
Nacional está fracturado desde su base y eso preocupa a tres días del clásico con Millonarios, pero preocupa más para lo que resta de semestre porque de no haber cambios, se hará largo, sufrido y muy difícil de llevar para todos, especialmente para los más dolientes: los hinchas.




