Por aquí seguimos, queridos lectores. Por ahora, sano y salvo, gracias a Dios. Confinado en casa, como millones de españoles, a caballo entre el pesimismo por la ola de nuevos contagios y la esperanza de abrazar pronto a nuestros seres queridos. Son días extraños. De ansiedad, angustia y cierto miedo. No hay día que la pandemia no convierta en nueva víctima a alguien cercano, conocido o amigo, para estremecernos. Quedémonos en casa, no hagamos el imbécil y extrememos las precauciones. Por nosotros y por los nuestros.
Son días extraños. Uno los resuelve como puede: por la mañana, teletrabajo - nos pagan para escribir de fútbol aunque a ustedes les importe un comino-, y al atardecer, se combate contra el aburrimiento con nuevas rutinas. Es vivir la crisis como oportunidad. Es hora de propósitos, de aprovechar este confinamiento para dejar de fumar de una puñetera vez. Es el enésimo intento, pero si en una situación de tanto estrés se consigue, el logro igual no es temporal, sino definitivo.Cruzado el Rubicón de la semana y media sin tabaco, uno supera la ansiedad atracando la despensa. No pesan los años, pesan los kilos. El siguiente paso será el ejercicio físico, por más pereza que provoque pensar en series de flexiones y abdominales.
Los días pasan entre telediario y boletín, entre estreno y clásico, entre serie y documental, entre aplausos a las ocho y caceroladas a las nueve. Las hojas del calendario avanzan, poco a poco, más allá de las patadas al papel higiénico que exige el preceptivo postureo de las redes sociales, donde todos jugamos a contarle a los demás todo lo que hacemos en nuestra vida, en riguroso directo, porque pensamos que los demás no tienen mejor cosa que hacer que dedicarse a ver lo que hacen los demás con su vida. ¿Y los futboleros, sin fútbol? Pues sobreviven como pueden. Con “mono” de su droga dura, como yonquis del gol. En mi caso, esperando un buen chute de Atleti en vena.
Así que, a mis 45 palos, como buen carca, sin fútbol y sin saber exactamente qué es Twitch, qué carajo con los eSports, sin Football Manager que valga y sin pareja que me aguante, la ilusión sigue intacta. Y ahora mismo consiste en conseguir ascender con el Cacereño a Primera. Hace 48 horas el objetivo era que Las Palmas estuviese en Primera con dos mil millones de presupesto. Un día antes se logró algo histórico, ganar la Champions con el Mallorca, con Zidane de mediapunta y Bergkamp de delantero. Y nada más comenzar el confinamiento, la tarea fundamental de la tarde pasó por conseguir que el Atlético de Madrid conquistase su cuarta Liga consecutiva en seis años. Larga vida al PC Fútbol.
Rubén Uría




