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Premier League 2022-23 ball(C)Getty Images

La impaciencia reina en la Premier League

Por Juan Yagüe

Cualquier aficionado al fútbol que siga mínimamente los partidos de la Premier League está al tanto del entorno atroz en el que se mueve la competición. Conseguir victorias es un verdadero suplicio. Y una racha de varios partidos ganando casi una quimera. Los resultados mandan y deciden quién tiene éxito y quién fracasa. Quién trabaja y quién se va a casa.

En la actual campaña, hasta doce entrenadores han sido despedidos en el fútbol inglés. Nueve han sido reemplazados en La Liga, nueve también en Alemania y siete en la Serie A. No hay dudas de que la Premier League es la liga más competitiva. Pero también la más exigente. Y sobre todo, la menos condescendiente.

Por acabar antes, los únicos equipos que no han cambiado de técnico en lo que va de temporada son: Arsenal, Manchester City, Manchester United, Newcastle United, Liverpool, Brentford, Fulham, West Ham y Nottingham Forest (y veremos si los dos últimos no lo hacen próximamente). ¿Qué ha sucedido en el fútbol inglés? El lugar donde Sir Alex Ferguson estuvo más de dos décadas dirigiendo un gigante de manera ininterrumpida y Arsene Wenger se hizo dueño y señor del Arsenal durante una infinidad de años.

Para empezar, Inglaterra es un país mucho más abierto a los entrenadores foráneos que hace diez o quince años. Ahora mismo hay entrenadores de nacionalidad española, holandesa, italiana, alemana, danesa y portuguesa. Esa apertura al universo de los banquillos es tentadora para apretar el gatillo cuando surge una oportunidad. Antes estaban los Allardyce o Pulis de turno y ahora el mundo está receptivo y deseoso de llegar a Inglaterra.

También está el factor del dinero. La Premier League es un escenario donde no es lo mismo quedar decimoquinto que noveno a nivel económico. Y el descenso se presenta como una pesadilla que evitar a toda costa. Cualquier atisbo de tragedia enciende las alarmas del estrés. Y esas sólo se apagan haciendo un cambio. El más rápido y sencillo es cambiar al entrenador. El problema es, ¿y si las cosas no mejoran? Le ha sucedido al Southampton, le ha pasado al Chelsea, se ha visto en el Wolverhampton Wanderers y está por ver el devenir de Bournemouth, Everton o Leeds United.

Parafraseando la famosa cita de que hay que hacer cosas diferentes para obtener resultados diferentes, uno se para a pensar si tomar ese tipo de decisiones es lo adecuado (más aún viendo estos ejemplos). Que llegue un entrenador de cero, sin conocer la plantilla, para implantar nuevos métodos, y en esta etapa de la temporada, parece un riesgo a todo o nada. Jugarse, en ocasiones, el futuro de un equipo, un club, una afición y quizá hasta de una ciudad, a un cara o cruz.

Sin duda vivimos tiempos de inmediatez y nula tolerancia a la frustración, lo cuál se ve en todo esto también reflejado. Pero el día que plantas la semilla no es el que recoges el fruto. El fútbol inglés, tan etiquetado en hablar de proyectos largos (que aún existen y resultan con el ejemplo de Arteta, Frank, Klopp o Guardiola), está generando otra corriente de acción de inmediatez y soluciones de urgencia. El contexto quizá obligue. Pero el sentido común no. Al menos no siempre. 

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