La noche marplatense se prestaba para el encuentro entre dos de los más grandes goleadores boquenses de los últimos tiempos (y de la historia): Martín Palermo y Darío Benedetto. No obstante, el que infló las redes fue Sebastián Villa, que volvió a demostrar que sigue vigente en el ataque del equipo de Sebastián Battaglia y que puede generar peligro con poco juego colectivo.
Es que nada parece detener al colombiano: a pesar de que en el último tiempo una buena cantidad de juveniles emergieron para disputarle mano a mano el puesto a los más exitosos futbolistas del plantel, a pesar de los rumores de venta a Rusia y Brasil, a pesar también de los comportamientos reprochables que lo alejaron del plantel, sobrevive en el campo.
Para el entrenador es valioso porque durante tramos de los partidos puede ser un sistema de ataque en sí mismo, aún con errores propios de un futbolista cuya característica principal es la velocidad, pero no tiene la pausa necesaria para equilibrarse.
El domingo pasado ante Colón fue gran responsable del gol de Darío Benedetto. Peleó una pelota que quedó muerta entre distintos rivales, se volcó hacia la banda izquierda y sacó un centro excelente para que Pipa haga delirar a La Bombonera. Ahora, en Mar del Plata, fue clave con dos goles que le dieron tres puntos al visitante.
En el José María Minella tuvo el escenario perfecto para explotar su contexto ideal: el espacio. En la primera ocasión Darío Benedetto devolvió gentilezas y asistió para que el colombiano quede cara a cara con Devecchi. En la segunda, su compatriota Jorman Campuzano lo dejó mano a mano con un defensor a campo abierto, donde es letal. Al Boca versión 2022 todavía le falta calidad de juego, en esos momentos necesita arrebatos individuales y ahí aparece Sebastián Villa.



