Quienes busquen minimizarlo dirán que el rival era Patronato, a todo esto su víctima favorita, al que ya le había metido cuatro goles hace unos meses. Pero no es cuestión de quién esté enfrente. Porque algunas resoluciones de Julián Álvarez hablan de su infinita jerarquía que, muy pronto, disfrutarán los hinchas de Manchester City.
Si llega el centro atrás y al bajarla le queda alta, anticipa con la cabeza; si parece que se le va larga y se queda sin ángulo, saca un remate que fulmina al arquero; si entra al área con pelota dominada, su derechazo se clava contra el palo. Y si no logra convertir, demuestra que con la zurda también es un peligro y el disparo puede pasar a milímetros del palo. Y también asiste, colabora en la presión, pivotea como '9' de área o se lleva la marca.
Esta multiplicidad de recursos es la que lo llevará a la Premier League y, en un mercado de pases que incluyó siete incorporaciones, el mejor refuerzo termina siendo aquella cláusula que le permite a la Araña seguir tejiendo su historia en Núñez al menos seis meses más.
Volvió River. Al Monumental, al fútbol del equipo campeón cuatro fechas antes. Un River renovado con Herrera, Pochettino, Barco, el ingreso y los destellos de Juanfer. Pero un River que, cuando tiene a Álvarez enchufado, no tiene oponente y hace parecer barato lo que pagó el City por él.

