A las 16, Argentina dio el puntapié inicial en el clásico ante Brasil. 16.05 comenzó el tumulto detrás de los bancos de suplentes y se produjo el ingreso del funcionario de la Anvisa. Unos minutos más tarde, la Selección que dirige Lionel Scaloni decidió dejar el campo de juego y se marchó a los vestuarios. 16.30, el árbitro dio por suspendido el encuentro. A partir de ese momento, la delegación Albiceleste permaneció varias horas encerrada en la Arena Corinthians, hasta que por fin se dio la orden para que puedan salir y marcharse rápidamente al Aeropuerto de San Pablo.
21 horas. Daniel Scioli, embajador argentino en Brasil, publica en sus redes sociales que ya finalizaban los trámites para embarcar. 21.15, publicación de @Argentina y, por fin, los jugadores en el avión.
Más allá de lo estrictamente reglamentario, que ya está en manos de FIFA y CONMEBOL, la delegación de Argentina terminó así una impensada odidea, que había tenido un aviso cuando desde las autoridades sanitarias querían deportar a los cuatro futbolistas que juegan en Inglaterra (Dibu Martínez, Cuti Romero, Gio Lo Celso y Emiliano Buendía), pero nadie imaginaba que terminaría de la forma en que terminó, con un encuentro de semejante envergadura suspendido.
Una vez en suelo argentino, el plantel se instala en el predio que la AFA posee en Ezeiza y, tratando de olvidar rápidamente lo ocurrido, ya comenzará a pensar en el duelo ante Bolivia y el reencuentro con el público que podrá estar presente en el Monumental.





