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Fernando Madrigal y una vida dedicada al futbol para jugar en el América

En el álbum de fotos familiares de Fernando Madrigal, todo parece ocurrir con la pelota. Las reuniones, los paseos por el parque, sus primeros partidos en el kínder y luego en la primaria. Por cada lugar que visitaba, el mensaje era siempre el mismo: “¡futbol, futbol!”. Jugar era frecuente para él y sus cuatro hermanos, y hay varios videos que lo delatan. “No había un momento de mi vida en que no pasara por mi cabeza el futbol”, dijo alguna vez, allá por 2019. Y, sin embargo, nada parece haber cambiado.

La colección de imágenes de su vida comienza en el Instituto Cumbres de León, Guanajuato, su escuela, donde jugaba con primos y amigos de mayor edad. Eran tiempos de videojuegos, consolas de Nintendo y autopistas armadas de Hot Wheels, pero Fernando prefería estar con la pelota. A los 14 años, uno de sus entrenadores lo invitó a probarse con la tercera categoría del Club León. Y allá fue él, pasando todas las pruebas, enfrentándose con jugadores de 20 o 21 y ganándose un lugar en el equipo.

Los entrenamientos lo obligaron a dejar la escuela. Terminó segundo de secundaria y, en tercero, empezó a recibir clases particulares. Después de unos años, el mejor consejo se lo dio su madre, mientras sus amigos salían de la preparatoria o se iban de vacaciones a Europa. Fernando se cuestionaba si lo suyo era realmente el futbol, aunque ya jugaba en la Liga de Ascenso y veía más cerca su debut.

“Esa noche, entró a mi cuarto y me dijo: ‘una vida normal la puedes tener siempre. La vida del futbolista dura muy poco, inténtalo un poco más’”, recordó en octubre del año pasado, para el canal oficial del Querétaro. El mensaje entró como una bala en la cabeza, estalló ante sus ojos y puso -de nuevo- todo en su lugar. Los sueños, las ideas, esas dos palabras con las que solía despertar a sus hermanos después de una fiesta o levantaba a sus papás a las seis de la mañana: ‘¡futbol, futbol!’.

Así, Fernando pasó por el Unión de Curtidores, el Real Cuautitlán, los Alebrijes de Oaxaca, el Pachuca, Mineros de Zacatecas, Atlético de San Luis y el Querétaro, antes de firmar en junio pasado con el América. El técnico Santiago Solari buscaba un mediocampista de sus características (versátil, aguerrido y con buen trato de la pelota) para sumarlo a su equipo y encarar la próxima temporada. “Es el reto más importante de mi carrera”, dijo en su presentación, desde las instalaciones de Coapa. Y con el tiempo, y la exigencia, empezó a confirmarlo.

Después de dejar la escuela, el mayor sacrificio de Madrigal fue ausentarse de la boda de una de sus dos hermanas. “Fue un golpe muy duro para todos, porque estaba concentrado. Pero sabía que valdría la pena”. Ese episodio, sin embargo, define otro de los rasgos característicos de su personalidad: la familia. “Paso mucho tiempo en mi casa, con ellos o con mi novia. Descansando, viendo series o películas”, confiesa y, aunque lo dice, comiendo también algunos panecillos con Nutella, su debilidad. 

En Estados Unidos, el mediocampista de 29 años ha participado en los tres partidos de pretemporada con el América (ante Santos, Atlas y Tigres), haciendo dupla con el peruano Pedro Aquino. Sus compañeros lo destacan por su liderazgo y personalidad. “El grupo de mayor experiencia lo ha recibido muy bien para que guíe a los más jóvenes”, dice a Goal uno de los integrantes del cuerpo técnico, sorprendido por la manera de jugar del futbolista guanajuatense.

En la casa de los Madrigal, las fotos que cuelgan sobre la pared son de Fernando y su pelota. Dicen sus papás que, si tuvieran sonidos, en todas se escucharía la misma cantaleta: “¡futbol, futbol!”. Lo soñaba desde pequeño y lo está cumpliendo ahora, en el equipo más importante en el que le tocó jugar. Sólo falta el campeonato.

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